Los Siervos de Dios José Eusebio Arnulfo de Jesús y José Marcelino Anastacio de los Dolores Sierra Vera, mejor conocidos como los hermanos Sierra, fueron dos laicos nacidos en San Pablo, comunidad enclavada en el estado de Guanajuato, México. Sus padres, Pablo Sierra y María Refugio Vera, inculcaron en sus diez hijos el amor a la familia, al trabajo y a los ministros de Dios, como llamaban a los sacerdotes.
Su amistad con el beato Elías del Socorro Nieves, sacerdote que atendía la zona, los llevó a morir en el martirio junto a él porque se negaron a dejarlo solo.
Una temprana vida de responsabilidades
José de Jesús nació el 13 de agosto de 1894. José Dolores el 25 de abril de 1897. Ambos fueron bautizados en sus primeros días de vida en la Vicaría Fija de Cañada de Caracheo, hoy parroquia de Nuestra Señora de los Dolores. Poco se sabe de su niñez y adolescencia. Pero al morir su padre, José de Jesús que tenía carácter fuerte y era un líder nato, asumió la responsabilidad de sacar adelante el trabajo del rancho.
Además, como era costumbre de la época, a los 16 años contrajo matrimonio con Francisca Quevedo Ramírez. De esta unión nacieron diez hijos.
En cuanto a José Dolores, que desde pequeño se distinguió por su amabilidad, bondad y cariño, cualidades que le ganaron un afecto especial de sus padres, se sabe que se casó dos veces. Su primer matrimonio fue con María Martínez en 1916, con quien tuvo un hijo y que murió por nacer prematuro. Poco después, María murió de influenza española. Después emigró a los Estados Unidos para trabajar y aunque se ignora la fecha exacta de su regreso, en 1921 se casó en segundas nupcias con María Martínez.

Una amistad hasta la muerte
Su amistad con el Beato Elías del Socorro Nieves comenzó cuando el fraile agustino fue designado a la Vicaría Fija de la Cañada de Caracheo el 2 de diciembre de 1921. Pronto se hizo asiduo a la casa de los Sierra con quienes compartía los alimentos, las charlas y la enseñanza cristiana, lo que forjó en los hermanos un profundo amor a Cristo y a su Iglesia.
En 1926 se decretó la Ley Calles, iniciando una persecución en contra de la "casta sacerdotal", a quien el presidente Plutarco Elías Calles culpaba de la "degeneración" de México. Por eso, la vida de todos los ministros católicos peligraba.
Al padre Nieves lo descubrieron el 9 de marzo de 1928. Los hermanos Sierra, sabedores de lo que ocurriría con su amigo, quisieron acompañarlo a su destino. Los esfuerzos de otros hombres por liberar al padre fueron en vano, y a pesar de que él instaba a Jesús y Dolores para que regresaran con sus familias, ambos se negaron a abandonarlo, respondiendo con firmeza:
“No padre, no podemos dejarlo solo. Si nosotros hacemos falta a nuestras familias, mucho más usted que es el Padre Espiritual de tantas familias”.
El martirio de los hermanos
La muerte llegó el 10 de marzo. Al saber que serían fusilados, los hermanos pidieron al capitán Márquez, que los llevaba presos, que le permitiera al padre Nieves confesarlos. Después de recibir la absolución, J. Dolores piadosamente le dijo: “Padre lo esperamos en el cielo”.
Al querer obligarlos a arrodillarse, José de Jesús respondió: “solo delante de Dios y de sus ministros nos arrodillamos”, lo que le valió una cruel golpiza y una lluvia de balas, mientras débilmente exclamaba "¡viva Cristo Rey!" La impresión hizo que José Dolores se desplomara, quizá con un paro cardiaco. Lo que siguió fue el tiro de gracia para ambos.
Actualmente se está desarrollando la causa de canonización de los hermanos Sierra, ya Siervos de Dios, en la diócesis de Celaya, México. Ambos están sepultados en la parroquia de Nuestra Señora de los Dolores, a un costado del santuario diocesano del beato Elías del Socorro Nieves, en la Cañada de Caracheo, Guanajuato.










