Vivimos en una época en la que casi todo se obtiene con un clic: información, compras, entretenimiento, e incluso, relaciones. Esta inmediatez, que parecía una conquista, se ha convertido en una fuente silenciosa de estrés, impaciencia y desesperación. La psicología lo confirma, y la tradición cristiana ofrece un camino alternativo para recuperar el ritmo interior.
La psicología advierte que la inmediatez permanente aumenta la ansiedad y la frustración; la fe cristiana propone reaprender el valor de la espera










