Este domingo, a las ocho menos cuarto de la tarde, en España, ocurrió un accidente que sobrecogió a España y al mundo. Dos trenes, el tren Iryo 6189 que viajaba de Málaga-María Zambrano con destino Madrid-Puerta de Atocha y el tren Alvia 2384 que circulaba desde Madrid-Puerta de Atocha hacia Huelva, tuvieron un percance.
Un serio accidente cuyos daños, heridos y fallecidos aún no ha sido posible cuantificar con exactitud, aunque las cifras provisionales indican al menos 39 muertos y más de 150 heridos, algunas personas en estado grave, y se teme que aumenten conforme avanza la investigación.
Los sueños que se fueron en un tren y nunca volvieron

Era un domingo cualquiera, y sin embargo no lo fue. Ese tren que partió de Málaga, lleno de gente con trabajos, sueños, familias y planes, a las 18:40 horas dejó de ser solo un transporte para convertirse en escenario de una conmoción nacional; y el tren que salía de Madrid, con rumbo a Huelva, que salió minutos antes a las 18:05, tampoco llevó al sur las previsiones de sus ocupantes.
Al aproximarse a la localidad cordobesa de Adamuz, poco después de la estación de Córdoba-Julio Anguita, el tren de Iryo descarriló, invadió la vía contraria y chocó con el tren Alvia, provocando un impacto brutal que lanzó vagones por un talud de varios metros. Las primeras imágenes y testimonios hablan de escenas que nadie quisiera ver: vagones volcados implorando auxilio.
Los trenes del Blue Monday
Un accidente que justificó el título del Blue Monday este 19 de enero. Porque cuando pensamos en tristeza, pensamos en lunes, en el frío de enero, en rutinas interminables; pero nada compite con el dolor de familias enteras que esta semana no esperan el lunes, sino noticias de vida o muerte para un ser querido desaparecido bajo los escombros de un tren.
¿Cómo ayudar a la distancia?
Todos desearíamos estar ahí para echar una mano, para llevar mantas o una taza de chocolate caliente. Cobijar a los heridos en nuestras casas para dar paz, calor y cariño. Físicamente es imposible, pero podemos mandar la paz, el descanso más duradero, el calor que más abriga y el alimento que más se conforta rezando por ellos, comulgando por ellos.
1Palabras de aliento
En momentos como este, nuestras palabras de consuelo vuelan más alto que cualquier ambulancia: por cada nombre que tardará en conocerse, por cada familia que espera un mensaje en silencio, por cada historia que ha quedado a medias.
2Orar por las víctimas

Miremos al cielo y pidamos adoptar a una de las familias involucradas en la tragedia, que la Virgen, nuestra madre, funja como agente de paz que nos une y ocupémonos de fabricar municiones con nuestra oración, mortificación y comunión para ellos.
Porque cuando lleguemos al cielo y nos conozcamos en persona, veremos los frutos de esta adopción espiritual. Allí, donde los rostros de quienes hoy sufren ya no estarán marcados por el dolor, sino por la paz que nunca se desvanece.
La oración se nota, sostiene, abriga, reconforta como nada, absolutamente nada ni nadie puede hacer. Y en medio de esta noche de luto para tantos, la oración es nuestra forma concreta de tocar a los que no podemos acceder, de responder a su llamada de auxilio.
3Ser embajadores del cielo
Nosotros no podemos ni queremos ser el ministro de transportes estos días. Pero sí somos y debemos ejercer como tales, embajadores del cielo, con la misión de llevar consuelo allí donde la desesperanza late más fuerte.
Hoy, aquí, en este Blue Monday, donde hay tantas familias que nos necesitan. Demos un paso más que el de la simple contemplación de la tragedia desde la pantalla: hagamos de la oración una presencia real, de la compasión una acción continua, y pidamos al Sagrado Corazón de Jesús que les abra la puerta y les dé un cobijo seguro.
Somos, con la oración, como nos enseñó Gabriel le Bossis, la fábrica de municiones que el cielo necesita para auxiliar a esas familias.











