Cada comienzo de año, el alma suele tener una listas de deseos, expectativas y/o proyectos icónicos. Sin embargo, cuando el ruido baja y la prisa se detiene, el alma suele pedir algo distinto: no éxito inmediato, sino sentido; no control absoluto, sino confianza; no más cosas, sino una esperanza que permanezca en uno mismo y la sociedad.
El alma va mas allá de los propósitos y las metas, el inicio de un nuevo año revela una sed más profunda: sentido, paz y esperanza verdadera.









