Vivimos pendientes del reloj y del calendario, organizando la vida en plazos, agendas y metas. Pero el tiempo sin embargo es más, para la fe cristiana no es un enemigo que se agota, sino un don que se recibe y se habita en presencia de Dios. Es el espacio sagrado donde cultivamos nuestra relación con el Creador y servimos a los demás con amor eterno.
El tiempo es más que una sucesión de fechas y obligaciones, es donde Dios sale al encuentro del ser humano, en todo momento









