Hay cuatro institutos de vida religiosa -pertenecientes a las Obras de la Cruz- que fueron fundados por el padre Félix Rougier; sin él, hoy no existirían. Pero a su vez, el padre Félix no habría llegado a fundarlos de no ser por un milagro, recibida por intercesión de Don Bosco, que permitió su ordenación sacerdotal.
Aleteia repasa el encuentro entre este fundador francés, declarado venerable por san Juan Pablo II en el año 2000, y el santo de los jóvenes, san Juan Bosco.
El llamado al sacerdocio
El padre Félix Rougier nació en Francia, en 1859. A los 18 años, y tras escuchar el testimonio de un obispo misionero, se decidió por el sacerdocio e ingresó en la Congregación de la Sociedad de María.
Su maestro de novicios reconoció que Félix tenía una verdadera y “entusiasta” vocación. Sin embargo, al poco tiempo de haber ingresado, presentó una complicación de salud que, por un momento, puso en duda su ordenación sacerdotal.
Félix comenzó a experimentar una artritis deformante en la muñeca derecha que parecía no tener cura. A pesar de los muchos tratamientos que intentó, la enfermedad, en lugar de ceder, se extendió por la mano y el brazo derecho, lo cual lo obligó a aprender a escribir y comer con la mano izquierda.
El padre Ricardo Zimbrón Levy M.Sp.S escribe que después de dos años, “su brazo estaba en condiciones desastrosas, ya con atrofia muscular. Las operaciones y medicinas no sirvieron de nada. Además, la enfermedad invadió también la pierna izquierda. Su vocación estaba en peligro y esto hacía sufrir mucho al buen hermano Félix”.
En aquella época, no se permitía la ordenación sacerdotal a personas que tuvieran impedimentos físicos.
Los sacerdotes hicieron todo lo que pudieron para que Félix continuara su camino vocacional y permitieron que hiciera sus primeros votos en 1879 para que ingresara al escolasticado. Pero, de no llegar la cura a este padecimiento desconocido, sabían que tendrían que oponerse a su ordenación.
La esperanza de una madre
Su madre, María Luisa Olanier, sabiendo que el sueño de Félix era ser sacerdote y misionero, estaba preocupada pues ya habían agotado todos los tratamientos que la ciencia ofrecía; incluso los más dolorosos. Y de esa preocupación surgió una idea y una esperanza.
María Luisa era cooperadora salesiana y, ya en ese tiempo, la fama de santidad de Don Bosco -que continuaba con vida- comenzaba a extenderse por Europa. Siendo parte de la familia salesiana, logró que Don Bosco recibiera a su hijo y le pidió su intercesión para que Dios curara a su hijo.
El padre Zimbrón Levy relata:
“A instancias de ella, Don Bosco recibió al estudiante Marista del brazo enfermo. Oró por él imponiéndole las manos sobre la cabeza. Oró por su salud y por su vocación. La artritis de la pierna sanó en pocos días. La del brazo se detuvo de inmediato y aunque fue desapareciendo muy lentamente, no volvió a ser un obstáculo para su vocación. Al cabo de un tiempo, quedó completamente sano. La gratitud por esta curación perduró en el padre Félix, y también su confianza en la intercesión de Don Bosco”.
De esta forma, y por gracia de Dios, Félix Rougier recuperó la movilidad de su brazo y pudo ordenarse como sacerdote sin ninguna traba.
Tiempo después, Félix Rougier escuchó que Don Bosco estaría en la Catedral de su ciudad y acudió a su encuentro para agradecerle por su intercesión. En ese momento, san Juan Bosco, con voz profética, le dijo:
“Dios le hará ganar muchas almas”
El sacerdote fundador

Años después, el padre Félix Rougier fue enviado a México, en donde conoció a la beata Conchita Cabrera, quien lo invitó a fundar una congregación de sacerdotes. Después de 10 años de obediente espera, su superior permitió su salida de la Sociedad de María y le permitió fundar a los Misioneros del Espíritu Santo, cuyo primer estudiante -Moisés Lira- ya es beato.
Además, fundó a las Hijas del Espíritu Santo, a las Misioneras Guadalupanas del Espíritu Santo y a las Oblatas de Jesús Sacerdote. Antes de su muerte, el 10 de enero de 1938, Félix Rougier también promovió la fundación de colegios, hospitales, seminarios y grupos católicos.
Con lo cual, efectivamente, Dios le hizo ganar muchas almas para el Cielo.










