"Cuando sabemos que algo es esencial, lo buscamos inmediatamente para nuestros seres queridos", declaró León XIV durante la misa celebrada con motivo de la fiesta del Bautismo del Señor, en la que bautizó a veinte hijos de empleados del Vaticano en la Capilla Sixtina. Aseguró que la fe que los padres ofrecen a sus hijos al bautizarlos es "más que necesaria".
Bajo los famosos frescos de Miguel Ángel, se escucharon algunos llantos durante la misa celebrada este domingo por la mañana por el papa León XIV. En la sala donde había sido elegido por sus hermanos cardenales ocho meses antes, el jefe de la Iglesia católica bautizó a veinte hijos de empleados del Vaticano, una tradición instaurada por el papa Juan Pablo II en 1981 y que se celebra en la Capilla Sixtina desde 1983.
En su breve homilía, el Papa recordó que Jesús, bautizado por su primo Juan Bautista en el Jordán, "hace de este gesto un nuevo signo de muerte y resurrección, de perdón y comunión". Este gesto, subrayó ante los padres, padrinos y madrinas presentes, se prolonga en el sacramento del bautismo de los niños: "puesto que Dios los ama, se convierten en cristianos, en nuestros hermanos y hermanas".
En el bautismo, los niños "se transforman en criaturas nuevas", afirmó el pontífice. "Al igual que vosotros, sus padres, les habéis dado la vida, ahora les dais el sentido de esa vida: la fe", insistió.
"Cuando sabemos que algo es esencial, lo buscamos inmediatamente para nuestros seres queridos", subrayó León XIV, afirmando que a nadie se le ocurriría no dar comida o ropa a sus hijos. "Si la comida y la ropa son necesarias para vivir, la fe es más que necesaria, porque con Dios, la vida encuentra la salvación", explicó.
A continuación, el Papa evocó el día "en que se volverán demasiado pesados para llevarlos en brazos" y luego aquel en que "serán ellos quienes os sostendrán". Aseguró a los padres que era ese amor divino el que se manifestaba en su decisión de bautizar a sus hijos, y que seguirá manifestándose a lo largo de toda su vida.









