El regreso a clases y al trabajo suele venir acompañado de prisas, pendientes y cierta resistencia interior. Sin embargo, la rutina no es enemiga de la paz. Vivida con sentido, puede convertirse en un espacio donde Dios sigue actuando y sosteniendo la vida diaria.
El fin de las vacaciones no tiene por qué significar estrés y desgaste: la fe ofrece claves para volver al ritmo cotidiano con equilibrio interior










