Seamos sinceros, a veces la vida realmente puede deprimirnos. Puede parecer que el mundo está en nuestra contra mientras luchamos por mantenernos a flote y sobrevivir un día más. Lo interesante es cómo el mes de enero puede dar un impulso positivo a nuestras vidas, proporcionándonos un pequeño rayo de esperanza de que las cosas podrían ser diferentes. Cuando todo parece derrumbarse a nuestro alrededor, enero nos recuerda que todo puede renovarse.
Empezar de cero en la vida espiritual
Aunque muchas personas aprovechan el mes de enero para hacer promesas relacionadas con la salud física y el ejercicio, también es un momento perfecto para examinar nuestra vida espiritual y determinar qué es lo que debemos cambiar.
La primera área de nuestra vida espiritual que debemos explorar es cualquier apego al pecado, especialmente al pecado mortal. Simplemente no podemos progresar en nuestra relación con Dios si estamos apegados a un pecado en particular. Lo que debemos hacer es detenernos a reflexionar sobre los pecados que no podemos dejar atrás y decidir no volver a cometerlos nunca más.
Comienza el proceso yendo a confesarte a principios de enero, para que puedas empezar de verdad de cero, dejando que Dios borre todos tus pecados.
Después, probablemente necesitarás formular un «plan de batalla» sobre cómo pretendes dejar ese pecado en particular. Normalmente, esto significa reflexionar sobre las circunstancias habituales que te llevaron a ese pecado y hacer lo posible por eliminarlas. Por ejemplo, si eres adicto a la pornografía, lo mejor que puedes hacer es encontrar un compañero que te ayude a rendir cuentas e instalar algún tipo de software que bloquee cualquier posible ocasión de pecado.
Sea cual sea el pecado del que quieras deshacerte, la clave es invitar a Dios a tu vida e invocar su nombre tan a menudo como puedas. Simplemente no podemos liberarnos de nuestras cadenas por nosotros mismos y necesitamos que un libertador venga a rescatarnos.
Tu relación con Dios
A continuación, reflexiona sobre tu propia relación con Dios. San Francisco de Sales, en su Introducción a la vida devota, nos ofrece una serie de preguntas que todos deberíamos meditar y considerar:
"Con respecto a Dios mismo, ¿tu corazón se deleita al pensar en Dios, anhela su dulzura? ¿Sientes una cierta disposición a amarlo y una inclinación definida a disfrutar de su amor? ¿Te complace meditar en la inmensidad, la bondad y la ternura de Dios? Cuando estás inmerso en las ocupaciones y vanidades de este mundo, ¿el pensamiento de Dios te resulta agradable? ¿Lo aceptas con alegría, te rindes a él y tu corazón se vuelve hacia Él con una especie de anhelo?"
La vida espiritual no consiste simplemente en abandonar los malos hábitos, sino en fomentar una relación con un Dios que nos ama profundamente y que llama constantemente a nuestra puerta.
Hagas lo que hagas, aprovecha el mes de enero, que suele estar lleno de grandes esperanzas. Invita a Dios a entrar en tu vida y proponte que el próximo año sea un año abierto a la gracia amorosa de Dios.










