La esperanza cristiana "no se basa en pronósticos optimistas ni cálculos humanos, sino en la decisión de Dios de compartir nuestro camino, para que nunca estemos solos en la travesía de la vida", explicó el Papa León XIV durante el Ángelus del domingo 4 de enero de 2026. Desde la ventana del Palacio Apostólico del Vaticano, el Papa renovó su saludo a los fieles reunidos en la Plaza de San Pedro a pesar de las lluvias torrenciales que cayeron sobre Roma esa mañana.
"El fundamento de nuestra esperanza es la encarnación de Dios", recordó el Papa, dos días antes de la clausura del Jubileo de la Esperanza, que ha atraído a más de 30 millones de peregrinos a Roma desde la apertura de la Puerta Santa de la Basílica de San Pedro el 24 de diciembre de 2024.
"Si la venida de Jesús en la debilidad de la carne humana, por una parte, reaviva en nosotros la esperanza, por otra nos confía un doble compromiso, uno hacia Dios y otro hacia el hombre", explicó el Obispo de Roma.
"Siempre estamos llamados a repensar a Dios desde la perspectiva de la carne de Jesús y no desde una doctrina abstracta”, explicó León XIV. El Papa se pronunció así contra la imagen de un “Dios lejano que habita en un cielo perfecto sobre nosotros”, enfatizando en cambio “un Dios cercano, que habita en nuestra frágil tierra, se hace presente en los rostros de nuestros hermanos y hermanas, y se revela en las situaciones cotidianas”.
"Nuestro compromiso con la humanidad debe ser igualmente coherente", añadió el pontífice, porque "si Dios se hizo uno de nosotros, cada ser humano es su reflejo, lleva su imagen en su interior y conserva una chispa de su luz". Esta convicción "nos llama a reconocer en cada persona su dignidad inviolable y a practicar el amor mutuo", enfatizó León XIV.










