“La liturgia nos recuerda, al comenzar este nuevo año, que cada día puede convertirse, para cada uno de nosotros, en el inicio de una nueva vida gracias al amor generoso de Dios, su misericordia y la respuesta de nuestra libertad”, declaró el Papa León XIV durante la misa celebrada en la Basílica de San Pedro el 1 de enero de 2026, Solemnidad de María, Madre de Dios, que también conmemora la 59.ª Jornada Mundial de la Paz. Su mensaje para esta Jornada , titulado “La paz sea con todos ustedes. Hacia una paz desarmada y desarmadora”, se publicó el 18 de diciembre.
Al evocar el éxodo de los hebreos de la esclavitud en Egipto, el Papa explicó que en este relato bíblico, incluido en la liturgia de hoy, su libertad "se realiza a través de un camino abierto al futuro, a través del don de una ley de sabiduría y la promesa de una tierra donde pueden vivir y crecer sin cadenas ni grilletes: en definitiva, un nuevo nacimiento".
Esta liberación, que puede resultar más incómoda que ciertas formas de servidumbre aceptadas pasivamente, refleja la situación actual de la humanidad. "Es hermoso pensar en el año que comienza como un camino abierto por descubrir y en el que nos aventuramos, libres por gracia y portadores de libertad, perdonados y otorgantes de perdón, confiados en la cercanía y la bondad del Señor que siempre nos acompaña", explicó León XIV en su primer discurso de 2026.
Se hizo eco, pues, de esta libertad de la respuesta humana al designio de Dios, explicando que «el misterio de la Maternidad Divina de María que, con su “sí”, contribuyó a dar un rostro humano a la Fuente de toda misericordia y de toda benevolencia: el rostro de Jesús cuyo amor al Padre nos toca y nos transforma, a través de su mirada de niño, luego de joven».
La perspectiva de san Agustín sobre la fragilidad del Niño-Dios
Basándose en un sermón de san Agustín, el Papa recordó que en María "el Creador del hombre se hizo hombre para que, siendo dueño de los astros, pudiera mamar del pecho de una mujer; siendo pan, pudiera tener hambre [...] de hacernos libres aunque seamos indignos".
El obispo de Hipona, a quien el Papa quiere rendir homenaje este año peregrinando tras sus huellas en Argelia, "recordó así uno de los rasgos fundamentales del rostro de Dios: el de la gratuidad total de su amor con el que se presenta a nosotros 'desarmado y desarmando'", prosiguió el Papa citando el tema de su Mensaje para la Paz.
Esta encarnación de Dios en forma de niño pequeño muestra "que el mundo no se salva afilando espadas, juzgando, oprimiendo o eliminando a los hermanos, sino trabajando incansablemente para comprender, perdonar, liberar y acoger a todos, sin cálculos ni miedos", explicó el pontífice.
El encuentro de dos seres 'desarmados'
"En la maternidad divina de María vemos el encuentro de dos inmensas realidades ‘desarmadas’: la de Dios que renuncia a todos los privilegios de su divinidad para nacer según la carne, y la de la persona que, con confianza, abraza totalmente su voluntad", explicó el Obispo de Roma.
León XIV se hizo eco de las palabras de Juan Pablo II durante su homilía del 1 de enero de 2001, en esta misma ocasión litúrgica. "La ternura cautivadora del Niño, la sorprendente pobreza en la que se encuentra, la humilde sencillez de María y José" habían transformado la vida de los pastores, convirtiéndolos en "mensajeros de salvación", recordó el papa polaco, invitando a los cristianos a seguir sus pasos.
"Así como Cristo pide a los pastores que acuden a adorarlo, Cristo pide a los creyentes, a quienes ha ofrecido la alegría de encontrarlo, una valiente disponibilidad para salir de nuevo a anunciar su Evangelio, antiguo y siempre nuevo", había declarado Juan Pablo II.
León XIV concluyó su homilía invitando a todos a acercarse con fe al pesebre como lugar por excelencia de paz, desarmado y desarmante, lugar de bendición donde recordamos las maravillas que el Señor ha realizado en la historia de la salvación y en nuestras vidas. Invitó a los cristianos a dar testimonio de ello glorificando y alabando a Dios, como lo hicieron los pastores. «Que este sea nuestro compromiso, nuestro propósito para los próximos meses, para nuestra vida cristiana», oró el Papa.











