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El sacerdote necesita “saberse necesitado de Dios”: Humberto Salas, uno de los sacerdotes más jóvenes de Venezuela

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Álvaro Garrido - publicado el 02/01/26
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El sacerdote Humberto Alonso Salas es uno de los más jóvenes de Venezuela, un país que lleva años sumido en una emergencia social a la que la Iglesia da respuesta de manera entregada

Pese a su juventud, este sacerdote ya administra la parroquia de Nuestra Señora del Rosario de Fátima, en El Mene. Aquí, las necesidades espirituales y materiales son acuciantes. También ejerce como notario de la Curia diocesana de Cabimas. Humberto Alonso Salas, a los 27 años, ya está en la primera línea de la Iglesia Católica. Lleva las enseñanzas de la Iglesia como sacerdote ahí donde se le presenta la ocasión. Cumple el sueño que tenía desde niño de ser misionero, como el Papa León XIV.

Este sacerdote venezolano no tiene que salir de su tierra para anunciar el Evangelio en medio de un pueblo que, o no conoce a Dios, o lo necesita urgentemente. Entrevistado por la Fundación CARF, cuenta que, aunque su país ha sido predominantemente católico, en las últimas décadas se ha producido un desplome en el número de fieles.

Según los últimos estudios, un 67 % de los venezolanos se sigue considerando católico. Sin embargo, el auge de las sectas y de los grupos evangélicos continúa provocando la disminución del número de creyentes. Por lo tanto, la formación religiosa de la población es crucial para revertir esta tendencia.

Además, la complicada situación de Venezuela tampoco ha ayudado al auge de las vocaciones. Humberto relata su experiencia: "La crisis social y económica en Venezuela se palpa en cualquier realidad, incluso en la eclesiástica. Cuando estaba en mis primeros años en el seminario, consideré la opción de abandonarlo para trabajar y ayudar a mis padres".

El ejemplo que atrae

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El sacerdote Humberto en la parroquia de Nuestra Señora del Rosario de Fátima.

La formación en la fe es crucial en un país donde la espiritualidad se ve amenazada. Necesitan más jóvenes comprometidos con su formación religiosa y espiritual. Pese a esta crítica situación, la ayuda social que brinda la Iglesia a los más necesitados ha ido creciendo cada año. "Ha sido casa y refugio para muchas personas que se han sentido solas o despreciadas. Un lugar de acogida para los padres que han visto partir a sus hijos al extranjero en busca de mejores oportunidades. Ha sido, como decía el Papa Francisco, un hospital de campaña", añade este joven sacerdote.

Antes de ingresar en el seminario, Humberto comenzó la carrera de Diseño Gráfico. Sin embargo, la situación política de Venezuela le obligó a regresar a su casa por motivos de seguridad. Este duro acontecimiento permitió que este joven se involucrara aún más en su parroquia, viviendo con mayor profundidad su fe. Su familia era muy creyente y muchos sacerdotes eran cercanos a ella. Esto le permitió conocer bien la realidad de lo que significa ser sacerdote. La formación que recibió en su casa y el contacto con sacerdotes cercanos fueron esenciales para su desarrollo integral.

Así lo recuerda él: "Tener en mi casa un contacto más cercano con ellos, conocer su lado más humano, sentarme a la mesa con ellos, escucharles y darme cuenta de que son hombres como yo, con debilidades y fortalezas, me influyó mucho. Me hice la pregunta: ¿por qué yo no?". Dios respondió a aquella pregunta. Siendo muy joven, ingresó en el seminario.

Los primeros años de preparación los pasó en Venezuela, donde apreció la importancia de la educación en su vida. En 2019, su obispo decidió enviarlo a Pamplona para seguir formándose en el seminario internacional Bidasoa, gracias a las ayudas al estudio que concede la Fundación CARF.

"Creo que ha sido uno de los regalos más grandes que Dios me ha dado. Cuando el obispo me lo dijo, sentí miedo, porque tenía 21 años y era la primera vez que estaría tanto tiempo lejos de mi familia. Pero lo vi como una oportunidad que Dios me regalaba para prepararme bien, aprender mucho y volver para servir a mi Iglesia de Cabima", señala el ahora sacerdote, agradecido por esa educación.

La formación que recibió en Pamplona enriqueció su comprensión de la fe y la fortaleció. Esto le permitió transmitirla con pasión. Esta formación es un testimonio de cómo el estudio y la devoción pueden ir de la mano. Además, la formación en diferentes culturas y tradiciones ha sido vital para su desarrollo personal y espiritual. Esto le ha ayudado a conectar con diferentes comunidades en Venezuela.

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"Ningún peligro puede hacerte daño si tu vida espiritual está fortalecida"

Desde un plano más espiritual, Humberto asegura que el hecho de visitar lugares donde vivieron y dieron su vida muchos santos fue una gran ayuda para fortalecer su vida de piedad. Un lugar y un santo le tocaron especialmente el corazón en esta etapa española.

"Esos años me hicieron tomarle un cariño muy especial a la Virgen del Pilar, que fue el primer santuario que visitamos al llegar a España y el último al que fui antes de regresar a Venezuela. También a la figura de san Josemaría, a quien conocía muy poco cuando llegué, pero que en esos años, como buen amigo, me ayudó a enfrentarme a muchas dificultades".

Pese a su corta experiencia, pues fue ordenado en diciembre de 2023, Humberto tiene claro que el sacerdote de hoy necesita, sobre todo, "saberse necesitado de Dios y del otro". En su opinión, "en la vida sacerdotal no podemos ir solos; necesitamos ir acompañados de amigos, de hermanos, de un director espiritual. Es necesario salir de nosotros mismos y contar con los demás". También reconoce la importancia de una buena formación permanente y la necesidad de nutrirse de las experiencias de otros.

"Ningún reto se hace difícil si tienes personas que te ayudan a enfrentarlo. Ningún peligro puede hacerte daño si tu vida espiritual está fortalecida", agrega.

Por último, el padre Humberto tiene un especial recuerdo para los benefactores de la Fundación CARF, que fueron una familia cuando la suya se encontraba lejos. También destaca cómo en el seminario esperaban con entusiasmo el final del año académico, pues era una oportunidad de pasar un momento agradable con los benefactores de la Fundación CARF y retribuir, aunque fuera un poco.

Navidad donde nunca imaginaste

La Fundación CARF ayuda a seminaristas, sacerdotes y religiosos de 130 países. Este año, invita a pasar la Navidad con sacerdotes y seminaristas de países “olvidados de la Tierra”, donde los cristianos sufren persecución, como Nigeria, Angola, China y Venezuela. La historia del padre Humberto forma parte de esta campaña.

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