Este año fue canonizado un científico conocido cariñosamente como el "Médico de los Pobres". Sin embargo, poco se sabe de un extraordinario sacrificio de este santo, quien habría conseguido de Dios nada más y nada menos que la paz mundial. En efecto, la figura del Dr. José Gregorio Hernández (1864-1919) no solo es referencia espiritual y científica. Es también sinónimo de concordia. Y su vínculo con la paz queda patente en sus escritos, en su práctica médica e, incluso, en su vital sacrificio.
En esta entrega, Aleteia analiza varios aspectos documentados pero muy poco conocidos de la vida de José Gregorio que lo asocian de forma clara y contundente con la paz.
Un logro: ¡Detuvo la guerra!

El vínculo más directo y heroico del personaje latinoamericano como un santo de paz fue el ofrecimiento que hizo a Dios de su vida. Una que estuvo conectada de forma muy cercana con los epicentros del conflicto internacional.
Tanto le afectó lo que estaba ocurriendo en el mundo, que realizó aquella ofrenda no como el resultado de un acto aislado, sino como la respuesta de un hombre de fe que conocía Europa y estaba desgarrado por la enorme magnitud de la tragedia.
Primera Guerra Mundial
El período final de José Gregorio coincide con la Primera Guerra Mundial (1914-1918) y más tarde, con la compleja posguerra de 1919. El lustro previo desencadenará en los hechos que significaron la muerte ¡de más de 10 millones de personas!
En aquellos días de violencia atroz, el santo seguía desde Venezuela las noticias con angustia. Y a diario veía cómo las naciones que cultivaron su formación de científico se destruían mutuamente.
Llega 1919, el año del sacrificio. Fue un año de una fragilidad extrema. Mientras se negociaba la paz, el mundo enfrentaba también una pandemia, el azote de la Gripe Española, la cual acabó con tantas o más personas de las que se cobró la guerra.
Atención a las víctimas
En ese marco, el "Médico de los Pobres" atendía gratuitamente a innumerables víctimas de la gripe española en Caracas, antes de su muerte. Así, vincularía su paz espiritual con el servicio activo en medio de una crisis sanitaria global.
El 28 de junio de 1919 se firma el Tratado de Versalles que pone fin de manera formal a la guerra. Un día después, el 29 de junio, el Dr. José Gregorio Hernández muere. Este hecho hace pensar a muchos que, efectivamente, Dios aceptó su ofrecimiento.
La paz desde la ciencia
José Gregorio Hernández entendía que la paz es más que simple ausencia de guerra. Lo veía como un equilibrio que surge a partir de la búsqueda de la verdad. Su obra filosófica principal, Elementos de Filosofía, refleja este pensamiento, en el cual la armonía entre fe y razón es una base de la tranquilidad espiritual.
En la introducción de su obra, establece la necesidad de la rectitud intelectual para alcanzar la paz interior. "El hombre que desea sinceramente la verdad, debe prepararse para recibirla con la práctica de las virtudes". — José Gregorio Hernández, Elementos de Filosofía (1912).
La paz desde lo social
Su ejercicio profesional se enfocó en la justicia social, que la Iglesia Católica considera el fundamento de la paz.
Al atender por igual a las élites académicas y a los desposeídos en Caracas, eliminaba las barreras de clase que generan conflicto, según documenta la Academia Nacional de Medicina de Venezuela. Una institución que deja claro su rol como notable unificador de la sociedad venezolana de principios del siglo XX.
Más aún, la bibliografía local detalla en sus crónicas que el funeral del santo fue la primera manifestación de unidad nacional espontánea en Venezuela; al menos, en aquella, que estaba duramente fracturada por la dictadura de Juan Vicente Gómez.
En esa época, la población arrebató el féretro de los hombros de los científicos al grito de: "¡El Dr. Hernández es nuestro!". Y lo refieren distintos historiadores, como el Dr. Leopoldo Briceño-Iragorry, en lo que se considera un hito de cohesión y paz social.
Un claro legado de paz

Al elevarlo a los altares, la Iglesia Católica subrayó formalmente su papel como artífice de la paz, especialmente en contextos de reconciliación nacional.
Esto lo recuerda en uno de tantos mensajes conmovedores el actual Secretario de Estado de la Santa Sede, el cardenal Pietro Parolin. Un prelado italiano que vivió en Venezuela y visitó la casa natal del galeno en el estado Trujillo: "José Gregorio es un modelo de santidad, un gran promotor de paz, un hombre de unidad".
Es también la razón por la que el papa Francisco, a pedido del cardenal Enrique Baltazar Porras, lo declaró copatrono del ciclo de "Estudios en Ciencias de la Paz" de la Pontificia Universidad Lateranense, colocándolo junto al beato Juan de la Paz (Quirógrafo, Papa Francisco, 2021).
Dios le habló con la salud
Dios le envió múltiples signos a través de la salud. El hombre que salvó a tantas vidas, también entregaría la suya. Sin embargo, antes le haría pasar por algunos curiosos sacrificios.
José Gregorio tenía un profundo anhelo de convertirse en religioso. Pero, tras ingresar en la Cartuja de Farneta (Lucca), se vio forzado a abandonar apenas nueve meses después… ¡por motivos de salud!
Más tarde, decide prepararse para el sacerdocio. Pero, mientras estaba en el Colegio Pío Latino Americano de Roma, el médico se vio afectado nuevamente.
Esta vez le sobrevino una pleuresía y un principio de tuberculosis. Así, le queda claro que Dios tenía otros planes para él. Y decide dedicarse de manera definitiva a la medicina.











