Caminar con la Inmaculada rumbo al Año Nuevo es una invitación a sumergirse en las enseñanzas de la Palabra de Dios, manteniendo el corazón en constante oración y ofreciendo al mundo un testimonio de fe sencillo y auténtico basado en el Evangelio y siguiendo un itinerario espiritual.
1"EN EL PRINCIPIO ERA EL VERBO"
"En el principio era el Verbo, y el Verbo estaba con Dios, y el Verbo era Dios" (Jn 1,1-3).
El primer propósito de todo cristiano debe ser escuchar la Palabra de Dios, que nos alimenta diariamente. Es esta escucha la que nos ofrece el apoyo y la estructura necesarios para nuestra vida cotidiana. Escuchar a Dios es un privilegio que nos permite planificar la vida bajo Su luz.
Sin embargo, la Palabra no existe solo para ser escuchada y olvidada; debe hacerse presente. Es libre, ilumina y da la fuerza necesaria a quienes eligen dejarse guiar por ella.
2María guardaba todo en su corazón
"María guardaba todas estas cosas y las meditaba en su corazón" (Lc 2, 19)
Intensificar el sentido de la oración es esencial para cultivar la intimidad con el Creador. La oración nos pone en sintonía directa con el Padre, funcionando como nuestra "respiración" espiritual. Con ella, afrontamos las angustias de la vida con firmeza.
El Evangelio destaca a María como el mayor modelo de oración: ella meditaba todo en Dios, todos los acontecimientos, para comprender y crecer. Vivía en sintonía continua, involucrando su corazón, su voluntad y su libertad. Seguir sus pasos es permitir que la oración envuelva cada aspecto de nuestra existencia.
3Vayan por todo el mundo
"Vayan por todo el mundo y prediquen el evangelio a toda criatura" (Mc 16,15)
Como cristianos, somos más que simples profesionales; somos apóstoles, continuadores de la misión de Cristo. Nuestra identidad está moldeada por la misión de ser profetas y testigos de las maravillas de Dios. El compromiso con el testimonio tiene el poder de transformar toda nuestra vida.











