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Dignidad y Derechos humanos: la voz de la Iglesia

experiencia, muerte, iglesia

Misericordia

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Luis Carlos Frías - publicado el 29/12/25
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Atender la voz profética, maternal y magisterial de la Iglesia acerca del ser humano, lleva de inmediato al tema de su dignidad y sus derechos fundamentales

El Compendio de la Doctrina Social de la Iglesia (CDSI), iluminado por la Constitución Pastoral Gaudium et spes (n. 27 y 22), y por el propio Catecismo de la Iglesia Católica (n. 1930), nos enseña que el fundamento o raíz de los derechos del hombre está en su propia dignidad, ofreciendo el sustento bíblico y teológico que da plenitud a esta concepción de la dignidad humana:

“El fundamento natural de los derechos aparece aún más sólido si, a la luz de la fe, se considera que la dignidad humana, después de haber sido otorgada por Dios y herida profundamente por el pecado, fue asumida y redimida por Jesucristo mediante su encarnación, muerte y resurrección”

(CDSI, n. 153).

Somos dignos no solo por el hecho de haber sido creados por Dios a su imagen y semejanza, sino también por haber sido redimidos por Jesucristo al precio de su Sangre. Y sin dudarlo, se puede añadir que también somos dignos por el hecho de estar animados y santificados por la acción poderosa del Espíritu Santo.

San Juan XXIII

El 11 de abril de 1963, el Papa san Juan XXIII publicó la Carta encíclica Pacem in terris en la que señala con claridad los principales derechos humanos que, naturalmente, son universales, inviolables e irrenunciables:

- Derecho a la existencia y a un decoroso nivel de vida (n. 11)

- Derecho a la buena fama, a la verdad y a la cultura (n. 12)

- Derecho al culto divino (n. 14)

- Derechos familiares (nn. 15-17)

- Derechos económicos (nn. 18-20)

- Derecho a la propiedad privada (nn. 21-22)

- Derecho de reunión y asociación (nn. 23-24)

- Derecho de residencia y emigración (n. 25)

- Derecho a intervenir en la vida pública (n. 26)

- Derecho a la seguridad jurídica (n. 27)

Un aporte fundamental del magisterio social de San Juan XXIII, consiste en la relación e interdependencia de los derechos con los deberes humanos. A este propósito, ejemplifica: “(...) al derecho del hombre a la existencia corresponde el deber de conservarla; al derecho a un decoroso nivel de vida, el deber de vivir con decoro; al derecho de buscar libremente la verdad, el deber de buscarla cada día con mayor profundidad y amplitud" (n. 29) y precisa:

- El deber de respetar los derechos ajenos (n. 30)

- El deber de colaborar con los demás (nn. 31-33)

- El deber de actuar con sentido de responsabilidad (n. 34)

Concilio Ecuménico Vaticano II / San Pablo VI

El 7 de diciembre de 1965, el Papa San Pablo VI publicó la Constitución Pastoral Gaudium et spes, sobre la Iglesia en el mundo actual. En ella se hace elenco a los principales derechos humanos, señalando su origen en la dignidad humana, así como su correspondencia con los deberes:

“Crece al mismo tiempo la conciencia de la excelsa dignidad de la persona humana, de su superioridad sobre las cosas y de sus derechos y deberes universales e inviolables. Es, pues, necesario que se facilite al hombre todo lo que éste necesita para vivir una vida verdaderamente humana, como son el alimento, el vestido, la vivienda, el derecho a la libre elección de estado ya fundar una familia, a la educación, al trabajo, a la buena fama, al respeto, a una adecuada información, a obrar de acuerdo con la norma recta de su conciencia, a la protección de la vida privada y a la justa libertad también en materia religiosa” (n. 26).

San Juan Pablo II

En su Carta Encíclica Centesiums Annus, publicada el 1 de mayo de 1991, el Papa san Juan Pablo II destaca algunos de los principales derechos inherentes a todas las personas, como el derecho a la vida "del que forma parte integrante el derecho del hijo a crecer bajo el corazón de la madre, después de haber sido concebido", a vivir en una familia unida, a la propia inteligencia y libertad, al trabajo para el sustento propio, a fundar una familia libremente y a la libertad religiosa, entre otros.

Benedicto XVI

Entre las numerosas menciones del Papa Benedicto XVI acerca de la dignidad y los derechos humanos, destaca el discurso pronunciado ante la Asamblea General de las Naciones Unidas, en Nueva York, el 18 abril 2008. En tal ocasión el Papa señaló:

“Los derechos humanos son presentados cada vez más como el lenguaje común y el sustrato ético de las relaciones internacionales. Al mismo tiempo, la universalidad, la indivisibilidad y la interdependencia de los derechos humanos sirven como garantía para la salvaguardia de la dignidad humana”. 

Francisco

El magisterio del Papa Francisco acerca de la dignidad y los derechos humanos es muy abundante, destacando la aprobación de la Declaración del Dicasterio para la Doctrina de la Fe, Dignitas Infinita, publicada el 8 abril 2024. Desde su inicio cimenta el edificio de los derechos humanos en su dignidad ontológica:

“Una dignidad infinita, que se fundamenta inalienablemente en su propio ser, le corresponde a cada persona humana, más allá de toda circunstancia y en cualquier estado o situación en que se encuentre. Este principio, plenamente reconocible incluso por la sola razón, fundamenta la primacía de la persona humana y la protección de sus derechos. La Iglesia, a la luz de la Revelación, reafirma y confirma absolutamente esta dignidad ontológica de la persona humana, creada a imagen y semejanza de Dios y redimida en Cristo Jesús. De esta verdad extrae las razones de su compromiso con los que son más débiles y menos capacitados, insistiendo siempre ‘sobre el primado de la persona humana y la defensa de su dignidad más allá de toda circunstancia’” (n. 1).

León XIV

El Santo Padre ha venido exhortando al respeto irrestricto de los derechos humanos, principalmente en los países que sufren conflictos armados. Adicional, hizo una invitación a las autoridades civiles de su natal Chicago, en los Estados Unidos, en relación a los derechos espirituales de los migrantes detenidos. La coyuntura y particularidad del caso amerita el reseñarlo:

El 4 de noviembre de 2025, en un paseo a las afueras de Castel Gandolfo, el Papa León XIV fue abordado por periodistas. Gentilmente atendió a sus preguntas. Una de ellas fue acerca de la prohibición de algunas autoridades civiles de Chicago, en los Estados Unidos, para que sacerdotes católicos asistieran espiritualmente a un grupo de migrantes detenidos. Vatican News señaló la importancia de atender a los derechos espirituales de las personas y citó al Papa:

“Creo que hay que reflexionar profundamente sobre lo que está sucediendo (...) muchas personas que han vivido durante años y años sin causar nunca problemas se han visto profundamente afectadas por lo que está sucediendo en este momento (...) sin duda, invitaría a las autoridades a permitir que los agentes pastorales se ocupen de las necesidades de estas personas. Muchas veces han estado separadas de sus familias durante mucho tiempo, nadie sabe lo que está pasando... pero sus necesidades espirituales deben ser respetadas”

No obstante la incalculable riqueza del magisterio de la Iglesia acerca de la dignidad y los derechos humanos, así como de la creciente conciencia social acerca de ello, resulta paradójico encontrar frecuentes pasos hacia atrás que acaban negando tal dignidad y escatimando los derechos humanos inherentes a ella. Por ello, la Iglesia no cesa en su misión evangelizadora y social ya que, como bien señaló el Papa Francisco, “¡El compromiso con los derechos humanos nunca se acaba!” (Ángelus, 10 diciembre 2023).

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