Santa Paula Isabel Cerioli es ejemplo de docilidad a la voluntad de Dios, afrontando las durezas de la vida uniendo su dolor al de la Virgen María
Muchos santos han sido probados en el crisol del dolor. Este fue el caso de santa Paula Isabel Cerioli, quien en las duras pruebas de la vida, veía la voluntad de Dios y la oportunidad de unir su dolor al de la Santísima Virgen María.
Pruebas en su juventud
Constanza, como fue bautizada, nació en Cremona, en una familia de ricos terratenientes el 28 de enero de 1816. Sus padres fueron unos cristianos piadosos que daban ejemplo de caridad con los pobres que mucho hacían sufrir a la futura santa, de la misma manera que padecía con su frágil salud.
De niña fue enviada al Monasterio de las Hermanas de la Visitación en Alzano Maggiore, pero al cumplir los 16 años volvió a la casa paterna por poco tiempo, pues por obediencia contrajo matrimonio a los 19 años con Gaetano Busecchi, un noble de 58 años. Su fe y su deseo de maternidad había guiado y sostenido su difícil matrimonio.
Unida al dolor de la Virgen María
Pronto más pruebas vendrían a su vida. Tuvo cuatro hijos, tres de ellos murieron recién nacidos y el último falleció a los 16 años. Luego, cuando tenía 38 años, perdió a su esposo, cayendo en un estado de aflicción que pudo superar con la ayuda espiritual de los obispos de Bérgamo, Mons. Luis Esperanza y Mons. Alexandre Valsecchi.
También se unió con el misterio de la Madre de los Dolores, abriéndose a la maternidad espiritual. Esto la preparó para donarse al servicio de Dios en los pequeños y más pobres.
A los pocos meses de la muerte de su esposo, decide hacerse religiosa. Hace su profesión religiosa cambiando el nombre de Costanza por el de Paula Isabel.
Abre su palacio para recibir a las niños abandonadas del campo, naciendo en 1857 el Instituto de las Hermanas de la Sagrada Familia, teniendo como centro a Dios Padre y a su Hijo Jesús, unida por su propio testimonio a la figura de María, Madre de los Dolores.
Madre espiritual
Poco a poco se internó en la profundísima relación filial que existe entre María y su Hijo agonizante, dolor que ella misma había experimentado, invitada a entender lo que Dios guardaba para ella para recompensarla por consolar a la Virgen María, diciéndole:
“Madre no llores, Dios te dará otros hijos”.
Es su vida cotidiana se destacó por la maternidad espiritual y la absoluta confianza en la Providencia, su caridad y amor para la pobreza, y su admirable sumisión a los Superiores. Valoró también la dignidad y el papel de la mujer en la familia y en la sociedad.
Muerte y canonización
El 4 de noviembre de 1863, puso las bases de la rama masculina, los Hermanos de la Sagrada Familia, que se dedican al trabajo y al apostolado en el campo.
Sin embargo, después de una vida consagrada a los pobres, murió el 24 de diciembre de 1865. Fue beatificada en 1994 y canonizada por el Papa San Juan Pablo II, el 16 de mayo de 2004.












