Cada diciembre, millones de personas en todo el mundo intercambian regalos como un gesto casi automático de la Navidad. Sin embargo, esta costumbre tiene una raíz mucho más profunda que el comercio o la tradición social: nace del corazón mismo del Evangelio y del misterio de la Encarnación.
Más allá del consumo, el intercambio de regalos recuerda el mayor don de Dios a la humanidad: su Hijo hecho hombre










