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El vía crucis de Iztapalapa ahora reconocido por la Unesco

Passion du Christ à  Iztapalapa, quartier de Mexico.

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Cécile Séveirac - publicado el 16/12/25
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El 10 de diciembre, la Unesco inscribió la "Representación de la Pasión, Muerte y Resurrección de Cristo en Iztapalapa" en el patrimonio cultural inmaterial de la humanidad. Este singular vía crucis reúne cada año a millones de espectadores

Un orgullo para la Iglesia católica en México. La Unesco ha inscrito la "Representación de la Pasión, Muerte y Resurrección de Cristo en Iztapalapa" en la lista representativa del Patrimonio Cultural Inmaterial de la Humanidad.

Esta decisión se tomó durante la vigésima sesión del Comité Intergubernamental para la Salvaguardia del Patrimonio Cultural Inmaterial, celebrada en Nueva Delhi el 10 de diciembre, debido al excepcional valor comunitario, histórico y cultural de esta procesión.

Más que un evento religioso, esta representación anual constituye una tradición viva profundamente arraigada en la vida social del barrio de Iztapalapa, en la Ciudad de México.

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Nacida en el siglo XIX, la procesión se ha convertido con el tiempo en un fuerte marcador de la identidad local. Cada año, miles de habitantes participan activamente en la organización y puesta en escena de la Pasión, Muerte y Resurrección de Cristo, movilizando conocimientos artísticos, compromiso voluntario y transmisión intergeneracional.

La Unesco ha elogiado una práctica que refuerza la cohesión social, fomenta la solidaridad entre los habitantes y garantiza la transmisión continua de un patrimonio inmaterial a través del teatro popular, los rituales, los trajes y la memoria colectiva.

La inscripción reconoce así una tradición que, aunque es ante todo religiosa, desempeña un papel cultural y social importante, encarnando la capacidad de una comunidad para preservar y mantener vivo su patrimonio en el mundo contemporáneo.

Una promesa popular

La representación del Vía Crucis se remonta a 1833. Cuando el cólera azotó México, los habitantes de Iztapalapa se enfrentaron a una verdadera hecatombe. Como fervientes creyentes, decidieron llevar en procesión una imagen de Cristo que era objeto de gran devoción desde hacía más de un siglo e imploraron su protección. Tras varios días de oración, la plaga cesó.

En agradecimiento, los habitantes se comprometieron a recrear cada año la Pasión, muerte y Resurrección de Cristo, una tradición que no ha dejado de crecer, tanto en número de participantes como de espectadores.

Solo en la Semana Santa de 2025, atrajo a unos 2 millones de personas. Esta afluencia extraordinaria requiere un verdadero dispositivo de seguridad con más de 3000 agentes de policía y militares.

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