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¿El arreglo personal es frivolidad o caridad?

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Mar Dorrio - publicado el 16/12/25
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Carmen Pilar Rodríguez, habló para Aleteia reflexionando sobre algo que muchas veces se pasa por alto: el arreglo personal; ¿cuál es el balance ideal?

¿Es frívolo o es, en realidad, un acto de caridad el arreglo personal? Para responder, nuestra especialista, Carmen Rodríguez, lo fue desplegando desde dos claves esenciales: por qué y para qué.

En primer lugar, explicó el por qué. Defendió que el arreglo personal no es frívolo en sí mismo, siempre que no se utilice para destacar por encima de los demás ni para marcar distancias. No se trata de competir, sino de expresar quién soy. Cada uno puede tener su estilo; sin embargo, independientemente de las preferencias de cada persona, el modo de arreglarse tiene que ir acorde a la dignidad que uno posee. 

Igual que los objetos valiosos de una casa se cuidan con delicadeza —se guardan en una funda, se protegen, no se dejan tirados de cualquier manera— también nosotros merecemos ese trato. Carmen comparte que así lo vio siempre en su madre: una mujer que se arreglaba con naturalidad porque entendía que aquello era un lenguaje, una forma de reconocer la dignidad propia y la de quienes la rodeaban.

¿Qué lugar le corresponde al cuerpo?

mujer - arreglo personal

Carmen quiso detenerse luego en dos cuestiones que hoy van muy unidas. Por un lado, habló del cuerpo. Recordó que no podemos caer ni en el exceso de convertirlo en un ídolo, alimentando una obsesión por la imagen, ni en el extremo contrario de ocultarlo o vivirlo con vergüenza, como si fuera algo ajeno o incómodo. 

Ambos extremos nos confunden, porque el ser humano es una dualidad inseparable de cuerpo y alma. Negar el cuerpo o idolatrarlo nos quita equilibrio.

La emociones en juego

Por otro lado, se refirió al incremento de depresión, ansiedad y malestar, que nunca había sido tan alto como ahora. Y esto —señaló— crece justamente a la par que avanza la “descorporabilidad”: cuanto menos habitamos nuestro cuerpo y más vivimos solo en lo digital, más desconectados estamos de nuestra propia realidad y más vulnerables nos volvemos.

El cuerpo es el lugar donde amamos, donde nos dejamos amar, donde somos mirados y tocados por quienes nos importan. Cuando se pierde esa encarnación cotidiana, la vida se vuelve más frágil.

La presentación

Por otro lado, Carmen explica el para qué dando el siguiente ejemplo: la novia se engalana para el novio, y ese gesto tan sencillo explica mucho. Es de justicia que la imagen que ofrecemos a los demás les hable de una forma amable. Si uno va a una boda en chándal, no hace falta añadir palabras: ese atuendo transmite que los protagonistas no importan demasiado.

Y ese mismo lenguaje silencioso se extiende a los mínimos detalles de la vida diaria. "En casa —dice Carmen— yo me arreglo para mi marido y mis hijos. Los valoro tanto que merecen verme bien". Es un modo de decir: "Te quiero tanto que te doy mi cuerpo de la mejor manera posible". No es ocultar ni disfrazar nada: es cuidar.

La dignidad que el cuerpo merece

mujer - belleza

Incluso dentro del "código de estar por casa", se puede ofrecer la mejor versión de uno mismo. Porque lo que está en juego no es la perfección estética, sino el amor que se comunica mediante un gesto sencillo. Por eso, también en situaciones de dolor —como la viudedad— puede aparecer la tentación del "total, ¿para qué?". 

Sin embargo, para un creyente la respuesta no desaparece: Dios sigue pendiente, sigue mirándonos. Y si somos hijos suyos, entonces nuestro cuerpo merece ser tratado con la dignidad que corresponde. Aquella frase tan conocida de la cosmética, "porque yo lo valgo", encuentra aquí su verdad más honda: valgo porque soy hija, hijo, de Dios.

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