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La próxima vez que tu cónyuge te pida ayuda usa estas palabras

familia - Navidad
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Daniel Esparza - publicado el 15/12/25
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Imagina que tu cónyuge dice algo como: "¿Qué puedo hacer por nosotros?", como un signo de vida compartida. Aquí las palabras que mejor reflejan la ayuda mutua

En todos los hogares, diciembre llega con su coreografía habitual: alguien buscando papel de regalo, otro arbitrando las peleas por los deberes, otro vaciando el lavavajillas una vez más. Estas tareas tienden a caer en patrones habituales y, a veces, en un lenguaje habitual. "¿Me puedes ayudar con esto?", "Lo he hecho por ti", "¿Puedes encargarte de sus deberes esta noche?". El problema no son las tareas domésticas, que siempre estarán ahí. Es la forma en que respondemos al cónyuge.

Construyendo una iglesia doméstica

pareja

Muchas cosas que consideramos que hacemos por nuestro cónyuge son, en realidad, cosas que hacemos por la familia, esa pequeña comunidad viva que la Iglesia llama "iglesia doméstica", incluyéndonos a nosotros mismos.

Arreglar a los niños, repasar las operaciones matemáticas, sacar la basura, precalentar el horno... Ninguna de estas cosas figura en su lista de tareas pendientes. No son favores depositados en un banco matrimonial que podamos cobrar más adelante. Son responsabilidades compartidas de un hogar que pertenece por igual a ambos cónyuges.

Necesidades de la familia

Este cambio de perspectiva es importante, especialmente durante la temporada navideña, cuando el estrés tiende a sacar a la luz las pequeñas fisuras en una relación. Este es el mes en el que las expectativas se multiplican: regalos, comidas, viajes, hospitalidad, conciertos escolares, eventos parroquiales.

Las parejas que suelen llevarse bien pueden encontrarse llevando la cuenta en silencio: quién hace más, quién está más agotado, quién es más ignorado. Pero restablecer este tipo de "economía" podría comenzar por elegir el pronombre adecuado.

Un mismo equipo

Imaginemos a un marido que responde a "¿Me puedes ayudar con X?" con algo como: "¿Qué puedo hacer por nosotros?", no como una frase ingeniosa, sino como un reconocimiento sincero de que la vida doméstica es una vida compartida. Esto denota colaboración, no rendimiento (o méritos domésticos). Disipa la idea de que uno de los cónyuges está entrando en el ámbito del otro como un invitado voluntario.

Los filósofos siempre han señalado el hecho de que el lenguaje moldea la imaginación, y la imaginación moldea las relaciones. Para los católicos, este cambio se alinea estrechamente con la comprensión de la Iglesia del matrimonio como una comunión de personas, una asociación orientada al bien de ambos cónyuges y de los hijos que se les han confiado.

Un trabajo en conjunto

Cuando un hogar se convierte en "nuestro trabajo" en lugar de "tu trabajo" o "mi trabajo", las tareas diarias se convierten en algo más rico: la construcción continua de una cultura familiar.

También enseña a los niños una verdad esencial. Cuando oyen "Ayudemos a nuestra familia con los platos" en lugar de "Ayudemos a mamá", aprenden que la responsabilidad no es una carga y que el cuidado no es un favor. Es una expresión de pertenencia. Les prepara para convertirse en adultos que no dividen la vida en propietarios y ayudantes.

Esta Navidad intenta lo siguiente:

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Así que esta Navidad, prueba a cambiar el lenguaje en tu hogar. Cambia el marco de "tú" y "yo" por un "nosotros" que refleje mejor la realidad. No va a limpiar mágicamente tus encimeras ni montar juguetes a medianoche, pero puede cambiar el tono del trabajo y el corazón con el que se hace.

La temporada de Emmanuel, Dios con nosotros, invita a los hogares a reflejar esa realidad a su manera. No mediante una coordinación perfecta, sino reconociendo que todo, desde limpiar la encimera de la cocina (sí, otra vez) hasta encender la corona de Adviento, es algo que hacemos juntos.

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