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La relación entre la música y Dios, según san Agustín

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Patricia Navas - publicado el 09/12/25
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El obispo de Hipona dejó frases inspiradoras en un extenso tratado de música

Una “ciencia casi divina”: así llama san Agustín a la música. Porque puede contener la armonía del universo y acercarte a Dios.

Sus libros De música, Revisiones y Confesiones, incluyen muchas reflexiones y frases inspiradoras como estas sobre la música y su poder: “La armonía comienza por la unidad y es bella gracias a la igualdad y a la simetría y se une por el orden”. “Ciertas armonías pasajeras son producto de otras armonías duraderas”. “Nadie ama aquello cuya fealdad hiere su sentido de lo bello”. “La Música es el arte del movimiento ordenado, y se puede decir que tiene movimiento ordenado todo aquello que se mueve armoniosamente, guardadas las proporciones de tiempos e intervalos”. “Las cosas terrenas, subordinadas a las celestes, asocian los movimientos de su tiempo, gracias a su armoniosa sucesión, por así decirlo, al Cántico del Universo…”.

Elevado por la música

A Agustín le encantaba la música. En su autobiografía, reconoce que incluso habían llegado a aprisionarle y sujetarle “los deleites tocantes al oído”.

Después de su conversión, elevaba su espíritu con cantos litúrgicos interpretados “con suavidad, destreza y melodía”. “Aquellos tonos acompañados de las sentencias que les sirven de alma y les dan vida, para haber de ser admitidos dentro de mi corazón solicitan en él algún lugar honroso y distinguido”, escribe.

Además, el obispo de Hipona considera “honesto” que una persona goce de la música “para aliviar su espíritu y recobrar fuerzas”.

Y recuerda en una oración “aquellas lágrimas que derramé oyendo los canticos de vuestra Iglesia, muy a los principios de haber recuperado mí fe”, posiblemente en referencia a los himnos de su guía san Ambrosio.

Técnica musical

En los 6 libros que componen su tratado sobre la música, el filósofo aborda también cuestiones técnicas.

“Si la música que en cierto modo brotó de santuarios secretísimos, ha dejado también ciertas huellas en nuestros sentidos o en los objetos que nosotros sentimos, ¿no es razonable rastrear antes esas mismas huellas, para que sin error alguno nos dejemos conducir más fácilmente, si podemos, hasta el fondo mismo de esos santuarios que yo mencionara?”, justifica.

Aboga por formas “en las que la igualdad permanece soberana, inconmovible, inmutable, eterna”.

música grabada, misa, cantos, liturgia, eucaristía

Armoniosa igualdad

Y ofrece pistas concretas sobre la manera de conseguirlas, a través de la simetría y leyes matemáticas:

“La armonía comienza por la unidad y es bella gracias a la igualdad y a la simetría y se une por el orden”, enseña.

“¿Hay alguna otra cosa, sino armoniosa igualdad, cuando los miembros se corresponden parejos de dos en dos, y cuando los que son solos cada uno ocupa un centro para que, a cada lado, se guarden intervalos iguales?”, constata.

Y ahonda:

“En cuanto a los pies de seis tiempos, ¿de dónde se explica que suenen con mayor dulzura y encanto sino porque se dividen conforme a una y otra ley, a saber: bien en dos partes iguales con tres tiempos cada una, bien en una parte simple compuesta de porciones iguales y en una parte doble, es decir, de manera que la parte mayor contiene dos veces la parte más pequeña y quede así dividida en dos porciones iguales por la otra que, con sus dos tiempos, mide y corta por la mitad, en dos, los cuatro tiempos de la primera?

¿Por qué se les incorpora al rango de su especie para lograr la relación armoniosa de los tiempos sino porque, en cinco tiempos, la parte menor tiene dos veces lo que posee tres veces la mayor, y en siete tiempos tiene la parte más pequeña tres veces lo que posee cuatro veces la mayor?

¿Por qué, en los intervalos de silencio, no se siente engañado el sentido sino porque se paga tributo a ese mismo derecho de la igualdad, si no por el sonido, sí al menos por el espacio durativo del tiempo que se exige?”.

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