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¿Los Montes de piedad fueron inventados por franciscanos?

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Tomasz Rowiński - publicado el 08/12/25
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Los Montes de Piedad surgieron en la Italia del siglo XV como respuesta a los retos sociales y económicos relacionados con la usura y los préstamos incontrolados.

El franciscano Barnaba Manassei es el creador de los Montes de piedad o casas de empeño. En 1462 creó, en Perugia, un fondo común basado en donaciones, destinado a conceder pequeños préstamos a cambio de objetos materiales, como joyas u otros objetos de valor. La innovación clave consistía en ofrecer créditos en condiciones claras y transparentes, sin intereses excesivos, en los que el prestatario recuperaba los bienes pignorados tras el pago de la deuda y, en caso de impago, dichos bienes se subastaban públicamente.

La idea se extendió rápidamente por Italia gracias al apoyo y la actividad predicadora de los franciscanos, especialmente Bernardino de Feltre, que advertía que la usura era una forma de violencia contra los pobres. A principios del siglo XVI ya existían más de ochenta instituciones de este tipo en diferentes ciudades de Italia.

En Bolonia, estas casas de empeño funcionaban bajo la supervisión de las autoridades municipales, con una documentación rigurosa y transparencia, lo que generaba confianza social y garantizaba el buen funcionamiento de las operaciones.

Contra la usura

joyas - Montes de Piedad

Un elemento importante en el desarrollo de los Montes de Piedad fue también el apoyo de la Iglesia católica. En 1515, el Papa León X confirmó el principio de condena de la usura, al tiempo que permitía pequeños intereses para cubrir los gastos administrativos, lo que reforzó formalmente el funcionamiento de estas instituciones.

En el siglo XVI, la idea de los Montes de Piedad llegó también a España, donde en el siglo XVIII, bajo la dirección del capellán Francisco Piquera, se creó el Monte de Piedad de Madrid, considerado un referente de las actividades españolas en este ámbito.

Estas instituciones se convirtieron en el germen de las populares cajas de ahorros, que no olvidaban combinar el ahorro con un objetivo social, apoyando a las personas excluidas del sistema bancario tradicional y destinando los beneficios a fines benéficos

Para los necesitados

En los siglos XIX y XX, los Montes de Piedad tuvieron que hacer frente a una creciente regulación estatal que reforzó su carácter social, y estas instituciones se involucraron, entre otras cosas, en la financiación de hospitales y escuelas. Aunque no faltaron casos de irregularidades, allí donde se mantuvieron las normas de buena gestión y control, los Montes de Piedad siguieron siendo un importante instrumento financiero de carácter social.

Hoy en día, los Montes de Piedad siguen ofreciendo servicios de empeño con tasación profesional y subastas públicas, manteniendo una alta tasa de recuperación de objetos y cumpliendo su función original de financiación en caso de crisis sin exponer a los deudores a una espiral de endeudamiento.

Su historia nos enseña que el dinero puede servir al bien común si se gestiona adecuadamente, y que ideas como la banca ética o los microcréditos no son más que continuaciones contemporáneas de esta tradición secular de la Iglesia en favor de la justicia social.

¿Cómo es la situación hoy en día? ¿En Polonia?

Monte-de-Piedad- fraciscanos

Por último, cabe preguntarse si las casas de empeño comerciales actuales cumplen con los altos estándares sociales que sustentaban la idea de estas instituciones. Se puede suponer que aceptar objetos como garantía puede convertirse fácilmente en una forma de explotación.

Especialmente en el caso de personas con grandes necesidades económicas, dispuestas a deshacerse de recuerdos familiares u otros objetos valiosos por una fracción de su valor.

Sin embargo, no hay duda de que las casas de empeño pueden seguir desempeñando, aunque sea de forma limitada, el papel de amortiguador social que ayuda a evitar la espiral de endeudamiento. En la era de la pseudobanca y los créditos instantáneos con altos intereses, una casa de empeño puede realmente salvar a alguien de una catástrofe vital.

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