Fiel a una tradición romana, León XIV se acercó a la Plaza de España, en el corazón de Roma, para rezar ante la estatua de la Virgen María el 8 de diciembre de 2025. El Papa se tomó el tiempo de saludar a los pobres, enfermos y ancianos.
Elegido el 8 de mayo, el Papa León XIV siguió los pasos de sus predecesores en la festividad de la Inmaculada Concepción, celebrada el 8 de diciembre. Al llegar en el papamóvil, al pie de la majestuosa escalinata que conduce a la iglesia de Trinità dei Monti, el Papa se detuvo a orar ante la gran Columna de la Inmaculada Concepción. Esta obra monumental fue erigida en 1857, tres años después de que Pío IX promulgara el dogma que afirmaba que la madre de Jesús fue preservada del pecado original desde el momento de su concepción.
En su oración pública, el Papa evocó el Jubileo de 2025, que atrajo a millones de peregrinos a Roma para cruzar las Puertas Santas de las basílicas mayores. "Que después de la Puerta Santa se abran otras puertas, puertas de hogares y oasis de paz donde la dignidad florezca de nuevo, donde se enseñe la no violencia, donde se aprenda el arte de la reconciliación", rezó el pontífice, ataviado con su muceta roja.
"Virgen Inmaculada, mujer de infinita belleza, vela por esta ciudad, por esta humanidad", añadió.
León XIV se tomó el tiempo para saludar a las autoridades eclesiásticas y civiles de Roma, incluido el alcalde de la ciudad, Roberto Gualtieri. También se dirigió a los enfermos, ancianos y pobres que habían acudido a rezar con él. El Papa partió entonces en el papamóvil. Esta tarde, se espera que viaje a Castel Gandolfo para un día de descanso, como suele hacer.
Esta mañana, como cada año, los bomberos de Roma sacaron su escalera aérea para que uno de ellos colocara una corona de flores blancas en el brazo derecho de la estatua de la Virgen María. Fue el papa Pío XII quien comenzó a enviar flores a la Plaza de España en la solemnidad de la Inmaculada Concepción. Juan XXIII, en 1958, fue a la Plaza de España para depositar rosas blancas al pie del monumento. Esta costumbre fue continuada por los papas Pablo VI, Juan Pablo II, Benedicto XVI y Francisco.














