Cuando san Pablo llevó el Evangelio a las islas de Malta, los primeros cristianos oyeron hablar de María, la madre del Salvador. De esta semilla de fe nació una devoción que perdura hasta nuestros días; y cada año, en agosto y diciembre, Malta brilla con luz y color para celebrar a Santa Marija.
María fue llena de gracia. Esta misma gracia arraigó en Malta, donde la fe ha perdurado durante dos mil años, en una tierra que la llama Santa Marija










