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De México a EEUU: “Para ellos, soy misionero, y me siento misionero”

Diácono diócesis de tulsa

Adrián Meneses a la derecha

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Jesús V. Picón - publicado el 03/12/25
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<em>Enfermedades y viajes forjaron la vocación de Adrián, quien pasó de ser misionero en Kenia a ser ordenado diácono en Oklahoma; y próximamente, ordenado sacerdote</em>

A veces se puede tener un claro llamado vocacional, pero encontrar el sitio preciso puede no ser tan fácil. El diácono Adrián Meneses Duarte es originario de un pueblito llamado San Lorenzo Axocomanitla, estado de Tlaxcala, México. Y ésta es su historia de discernimiento y su experiencia como misionero.

La idea de ser misionero

"Yo, desde los 16 —relata—, comencé con una inquietud vocacional hacia el sacerdocio, sobre todo a partir de un retiro en Tlaxcala en un movimiento diocesano que se llama Ecos, y me gustaba mucho servir con ellos. A los 17 comencé a hacer un discernimiento con mi diócesis de Tlaxcala, pero yo me imaginaba más yendo fuera".

Conoció a los Misioneros de África, apodados los Padres Blancos. "Entré con ellos en 2005; estuve en Querétaro haciendo un año de experiencia comunitaria y visitando tres veces por semana a los presos de la cárcel de San José el Alto". Pero su llegada a África tardaría unos años más.

Comenzó a estudiar inglés, historia y geografía de África. Estuvo unos meses en Estados Unidos y en 2006 lo enviaron a Guadalajara, donde estudió por dos años y medio la filosofía básica eclesial. Al terminar pasó unos meses en Canadá para estudiar francés. 

Por fin, en 2009, llegó a Burkina Faso

Diácono diócesis de tulsa misionero en kenia
Adrián durante su misión en África

"En 2009 me mandaron a Burkina Faso a vivir un año de espiritualidad con una sociedad apostólica. En ese país todo era diferente para mí: el idioma, la comida, la gente, el clima… ¡todo! Fue un choque cultural. Yo tenía 22 años".

"Me enfermé de malaria cuatro veces estando en África y, haciendo discernimiento, me pareció que debía salirme un tiempo de este instituto pero con la posibilidad de regresar, porque yo sentía que quería hacer de todo: ser misionero, pero también trabajar, estudiar, tener una novia y descubrir si mi camino era formar una familia". 

Pidió permiso y regresó a México, a vivir en Guadalajara por 7 años. En ese tiempo estudió una licenciatura y maestría en Filosofía y trabajó en la Universidad de Guadalajara.

Resurge la inquietud

"En 2016 me fui un año a Francia, a continuar mi maestría, y allá fue cuando resurgió la inquietud vocacional, aunque en realidad nunca se alejó. En Francia participaba en la parroquia universitaria, y también en el movimiento de Taizé. Tenía una novia y terminé con ella; me preguntaba: '¿Qué es lo que Dios quiere de mí?'".

"Cuando regresé a México comencé otra vez un discernimiento con los Padres Blancos hasta que ellos me dijeron que posiblemente tenía vocación, pero no con ellos. 'A lo mejor África no es para ti', dijeron. Y creo que tenían razón".

"Por cosas de Dios, conocí a los Misioneros de la Consolata en Guadalajara, e ingresé con ellos en 2017. En 2019 me mandaron a vivir a Argentina para el noviciado. Hice mis primeros votos como religioso el 29 de diciembre del 2019, y de ahí me enviaron a estudiar teología a África, a Kenia".

"Apenas tenía una semana en Kenia cuando me dio Covid. Estuve un mes hospitalizado, con oxígeno, así que viví la Semana Santa del 2020 en el hospital, y fue una experiencia de fe muy enriquecedora. Estábamos bastantes personas en la clínica, y había musulmanes, católicos y protestantes, pero todos nos reuníamos para rezar en la noche durante la Semana Santa. Durante los momentos de oración, entonaban un canto tradicional que todo el mundo se sabe ahí, en cualquier religión, que dice: 'No hay ningún Dios más grande que el nuestro'".

"Dios me llamaba a otra cosa"

Diácono diócesis de tulsa

"Comencé a sentir que Dios me estaba llamando a otra cosa. Yo había conocido a algunos sacerdotes en la diócesis de Tulsa, y, muchos años antes, me había invitado a sumarme".

Adrián llamó por teléfono al padre Juan Grajeda, que era parte del equipo de vocaciones de Tulsa. y le explicó que necesitaba hablar con alguien sobre su deseo de continuar como misionero pero un poco más cerca de su familia, en México. "Tras escucharme, me dijo que creía que mi discernimiento era correcto", cuenta Adrián.

Adrían y el padre Juan mantuvieron el contacto durante un año, hasta que este misionero fue aceptado dentro de la diócesis. Viajó de Kenia a Oklahoma y llegó a su nueva diócesis en julio de 2022.

Finalmente, diácono

"Hice un año de pastoral y, como la diócesis de Tulsa no tiene seminario propio, me mandaron a terminar mis estudios teológicos al seminario Saint Meinrad, en Indiana, que está dirigido por monjes benedictinos. Fue una experiencia muy buena".

Finalmente, Adrián fue ordenado diácono el 23 de mayo de 2025.

Diácono diócesis de tulsa

"Fui asignado a servir en una parroquia donde la mayoría de la comunidad es angloamericana, y no he sentido rechazo; al contrario, un gran cariño. Te valoran porque quieres compartir tu fe. Para ellos, soy misionero, y me siento misionero, pues renuncié a estar lejos de mi familia y cultura, aunque con la globalización ya no se sufre tanto".

Si Dios no dispone otra cosa, el diácono Adrián podría recibir el sacramento del Orden en grado de presbítero el próximo mes de enero, quizá en la fiesta de san Adrián de Canterbury.

Concluye Adrián: "Cuando yo muera quiero ser enterrado aquí, porque esta es mi diócesis, esta es mi familia, y estoy consagrado para esta diócesis".

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