La visita del Papa al Líbano, esperada durante 38 años, ha encendido una profunda esperanza en un país marcado por la crisis económica, la tensión política y el temor constante a un nuevo conflicto. Para los libaneses, su presencia no es casual, sino un gesto providencial que llega en el momento más frágil de su historia reciente.
En medio de la crisis económica, rumores de guerra y el desgaste de la fe, los libaneses ven en la visita del Papa un gesto de valentía y un llamado a la esperanza que los une nuevamente como pueblo









