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Caballos, bailes, espectáculos… Los libaneses celebran la llegada de León XIV bajo la lluvia

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Hugues Lefèvre - En Líbano - publicado el 01/12/25
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El Papa León XIV llegó el domingo 30 de noviembre por la tarde a Beirut tras pasar cuatro días en Turquía. Se dirigió al palacio presidencial de Baabda en parte en papamóvil, bajo una lluvia torrencial

Lejos queda la minimalista bienvenida que recibió el jueves el papa León XIV en Ankara, Turquía. Esta vez, el papa aún no ha puesto un pie en el suelo de los libaneses y dos aviones militares escoltan al Airbus A320 en señal de bienvenida. Cuando por fin se abrieron las puertas del avión esa tarde del 30 de noviembre, potentes salvas de artillería hicieron sobresaltar a toda la delegación papal y las campanas de las iglesias resonaron por todo el país.

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El Papa está en el país del Cedro; ¡por fin! En la pista del aeropuerto se ha instalado una gran carpa para recibir con fanfarria al jefe de la Iglesia católica. Como muestra de la importancia del momento, los grandes dirigentes del país se desplazaron al aeropuerto internacional de Beirut: el presidente de la República, Joseph Aoun, cristiano maronita; el primer ministro, Nawaf Salam, musulmán suní; y el presidente del Parlamento, Nabih Berri, musulmán chií. Por supuesto, también acudió el patriarca maronita Béchara Raï, como ya lo hiciera en 2012 para dar la bienvenida al Papa Benedicto XVI, el último pontífice que pisó suelo libanés.

Tan pronto como finalizó la ferviente ceremonia protocolaria, la larga caravana se puso en marcha hacia el palacio presidencial de Baabda. A lo largo del camino se colocaron grandes carteles del Papa. Al atravesar los suburbios del sur de Beirut, la efigie del hombre vestido de blanco se codea con los grandes retratos de Hassan Nasrallah, la emblemática figura de Hezbolá, asesinado en un ataque israelí en septiembre de 2024. La organización chiíta que Israel pretende destruir ha dado la bienvenida al Papa.

El sábado, declaró en una carta que contaba con su apoyo para rechazar "la injusticia y los ataques" israelíes. A lo largo del recorrido, jóvenes scouts afiliados a Hezbolá tocan el tambor, según informa el diario L’Orient Le Jour.

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Al final de la tarde, el cielo se oscurece repentinamente y sumerge a la capital libanesa en la oscuridad. La lluvia amenaza y finalmente cae. Por suerte, el papamóvil reservado por los organizadores del viaje está cerrado, por motivos de seguridad. Esta noche, en Beirut, el techo del vehículo le permite evitar la lluvia. Tras los cristales blindados, el obispo de Roma saluda a los cientos de personas que se refugian bajo paraguas blancos.

Más lejos, en las afueras del palacio, jinetes que enarbolan las banderas del Líbano y de la Santa Sede abren paso al convoy papal. Las lluvias torrenciales no empañan el buen humor de los frenéticos bailarines de dabké. Vestidos con trajes tradicionales árabes, se salpican unos a otros, en una especie de remake oriental de Cantando bajo la lluvia.

El papamóvil se detiene. Al estilo de los autocines, esos cines accesibles para los automóviles inventados en Estados Unidos en la década de 1930, el Papa estadounidense descubre un magnífico espectáculo de luz y sonido proyectado en la fachada del palacio de Baabda. En el interior, lo esperan las autoridades del país, la sociedad civil y el cuerpo diplomático. En su discurso escrito en Roma, el Papa había acertado: "Ustedes son un pueblo que ama la música, la cual, en los días de fiesta, se convierte en danza, lenguaje de alegría y comunión", confiesa en su conclusión.

En un Líbano exangüe tras años de crisis, León XIV asegura: "Quien baila avanza con ligereza, sin pisotear el suelo, armonizando sus pasos con los de los demás. Así es la paz: un camino impulsado por el Espíritu, que pone el corazón a la escucha y lo hace más atento y respetuoso con el otro".

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