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¿Cuántas publicaciones tienes con tu pareja?
Esta pregunta podría sonar extraña, pero la respuesta, al menos en las generaciones más jóvenes, ha generado tema de conversación debido a que muchas mujeres deciden no compartir los detalles de su relación en redes sociales. Y esto podría ser por una intención de mantener la privacidad… o por vergüenza o temor.
Aleteia consultó a las Buscaminas, productora mexicana de contenido educativo que fomenta el pensamiento crítico, para profundizar en este tema tan controversial que se puso en la mesa desde que Vogue publicó un artículo donde menciona que, en la dinámica de la pareja, las mujeres preferían mantener en privado su relación por el temor al qué dirán.
La pérdida de la imagen aspiracional
Las redes sociales abarcan gran parte de nuestro estilo de vida en el siglo XXI. Es raro que una persona no sea parte de esta cultura digital en la que se expone, o al menos, se visualiza la vida de otras personas. “La cultura digital ha convertido la idea de autonomía en un espectáculo que debe ser constantemente exhibido, validado y actualizado”.
Sin embargo, el problema radica cuando se le da más importancia a la imagen creada en redes que a la autenticidad de la persona. Su vida, sus relaciones, su noviazgo se llegan a convertir en parte del branding personal. Por consecuencia, “el amor se subordina a la lógica de la atención”.
“[Con esta lógica], mostrar una relación estable reduce esa intriga y la proyección de disponibilidad que resulta atractiva. Así, la pareja puede “contaminar” la marca personal o reducir el interés del público”.
Y aunque es cierto que en redes sociales, nuestro perfil es un producto diseñado para ser consumido y generar valor, no podemos dejar que las personas externas influyan en nuestras decisiones personales.
Una trampa moderna
Dejar que tu noviazgo se rija por la proyección que quieres dar en las redes sociales es una trampa, y acción que daña a la propia relación porque deja de ser un espacio de intimidad para volverse una actuación ante los demás.
Es cierto que puede ser complicado ser totalmente transparente en el espacio digital. Hay que tener cierta privacidad, pero debe ser de común acuerdo y siempre procurando que sea por una intención de cuidar al otro, que por el temor de lo que los demás opinen.
“Conviene preguntarse si compartimos algo por genuina alegría o para acumular capital social, es decir, likes. Así como la imagen de autonomía es deseable, la de la “relación perfecta” también puede serlo, en una cultura que insiste en que siempre podríamos optimizar nuestra elección. El noviazgo maduro no implica renunciar a la libertad, sino ejercerla de manera auténtica: decir “sí” de forma sostenida, a pesar de las dificultades o del ruido externo, es un acto radical”.
Ser genuinos en las redes y en la relación
Si decidimos postear alguna historia en redes sociales que sea por la alegría del momento y no con la intención de convertirlo en contenido curado. No hay necesidad de justificar la relación ante los demás, ni ocultarlo por temor.
La elección de estar con otra personas es “el acto de libertad más radical en una cultura que constantemente nos dice que podríamos mejorar nuestra selección”. Solo en el amor maduro encontramos autenticidad, una base fuerte que no se derrumba ante una sociedad donde abundan las relaciones líquidas.
“Hay que resistir: ni ocultando con pena nuestras relaciones ni exhibiéndolas de manera obscena, sino viviendo el amor como una práctica revolucionaria”












