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León XIV en Turquía: un Credo para preservar la unidad

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Porte de Lefke de la ville antique de Nicée, ville d'Iznik en Turquie;

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Redacción de Aleteia - publicado el 28/11/25
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León XIV visitó las orillas del lago Iznik (Turquía) para conmemorar, junto con otros líderes cristianos, los 1700 años del Concilio de Nicea

"Celebrar el primer concilio ecuménico"

Esta conmemoración es un acontecimiento muy significativo "porque se trata de celebrar el primer Concilio Ecuménico", explica el arzobispo Job Getcha, metropolitano de Pisidia, cuya sede se encuentra en Antalya. "Nicea definió los fundamentos de la fe cristiana. Este es el primer concilio que comparten ortodoxos y católicos. También es reconocido por las Iglesias resultantes de la Reforma".

Ante las ruinas de una antigua basílica sumergida, los líderes cristianos recitaron el Credo, la primera confesión cristiana. Para preservar la unidad, no se pronunció el "Filioque", que significa "y del Hijo". A diferencia de los ortodoxos, los católicos consideran que el Espíritu Santo, tercera persona de la Trinidad, procede de Dios Padre "y del Hijo", expresión añadida tras los concilios de Nicea y Constantinopla.

Esta omisión por parte de un obispo de Roma no será la primera. En septiembre de 2025, por ejemplo, León XIV pronunció este Credo "amputado" del "Filioque" durante una celebración ecuménica en la basílica de San Pablo Extramuros.

Una gran divergencia teológica

El "Filioque" está en el centro de la discordia entre el cristianismo oriental y occidental. Esta expresión latina, que significa "y del Hijo", fue añadida al Credo de Nicea-Constantinopla por la Iglesia occidental. Para algunos teólogos, esta inserción tuvo lugar en 447 en un sínodo celebrado en Toledo. Sin embargo, la opinión más aceptada es que fue en 589, durante el tercer Concilio de Toledo, cuando se produjo.

Mientras que las Iglesias orientales profesan que el Espíritu Santo "procede del Padre", Occidente inserta gradualmente la mención "y del Hijo", lo que apunta a una gran divergencia teológica. Esta diferencia, inicialmente doctrinal, se convirtió en una cuestión política, especialmente en la época de Carlos V, cuando en 1014, bajo la presión del emperador romano-germánico Enrique II, el Papa Benedicto VIII integró oficialmente el "Filioque" en el Credo.

Esta división se cristalizó a lo largo de los siglos, alimentando la "Querella del Filioque", que los ortodoxos aún invocan como una de las principales causas de la ruptura con Roma en 1054. Hoy en día sigue siendo el símbolo de un profundo desacuerdo sobre la naturaleza de la Trinidad y sobre la autoridad en la Iglesia, una herida persistente entre católicos y ortodoxos.

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