CAMPAÑA DE NAVIDAD 2025
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En el paraíso no habrá ninguna preocupación, todos confiarán en los demás y encontrarán reposo en Dios como en un perfecto seno materno.
Lo canta el compositor san Efrén el sirio en sus 15 himnos sobre el paraíso. Aunque él los escribió en el siglo IV, siguen siendo bálsamo que consuela y da esperanza.
Porque se basan en las promesas de Dios sobre la vida eterna recogidas en la Biblia, sobre todo en el libro del Génesis:
“Allí nadie se fatiga trabajando porque allí no se conoce el hambre,
allí nadie pasa vergüenza porque allí nadie comete ofensa alguna,
nadie siente allí remordimiento porque nadie tiene de qué arrepentirse.
Los que aquí viven corriendo allí se detienen y reposan
allí nadie envejece porque allí nadie muere
allí no sepultan a nadie porque tampoco allí da nadie a luz.
¡Bendito el que con sus llaves ha abierto el jardín de la vida!
No tienen preocupación alguna porque el sufrimiento no existe para ellos
ni tienen desconfianza de nadie porque no existen las trampas,
no hay enemigos porque ya ha pasado el tiempo del combate.
Se dan a sí mismos la enhorabuena en todo momento porque ya han terminado sus luchas y han recibido sus coronas y han hallado reposo en sus moradas”.
Cítara del Espíritu Santo
Por su manera de cantar la belleza divina, la tradición cristiana llama a san Efrén “cítara del Espíritu Santo”, recordó el Papa Benedicto XVI en una audiencia que le dedicó.
Este diácono llevaba una intensa vida de oración y de caridad. Era su santidad la que hacía fecundas sus catequesis, que unían teología y arte.
Con sus himnos, este Doctor de la Iglesia hacía crecer la fe, la esperanza y el amor. Él cantaba lo que encontrarán después de la muerte las personas que acojan la salvación de Cristo.
"Los hombres y las mujeres se vestirán allí con una túnica de luz,
los vestidos de la desnudez serán absorbidos por la gloria,
se aquietarán los impulsos malos de los miembros,
se cerrarán las fuentes del deseo carnal, desaparecerá la ira
y el alma purificada florecerá en el Edén como un trigal en el que no hay malas hierbas.
¡Bendito el que con sus llaves ha abierto el jardín de la vida!
Allí las vírgenes saltarán de gozo porque ha sido aniquilada la serpiente
que puso secretamente veneno en los oídos de la virgen Eva.
La higuera sonriente le sale al encuentro y le dice:
'Tu inocente infancia quedó atrás el día en que te quedaste desnuda
y viniste a esconderte en mi seno.
¡Gloria al que ha revestido tu desnudez con una túnica nueva!
¡Bendito el que con sus llaves ha abierto el jardín de la vida!'"
“Exultarán”
Las palabras de san Efrén han dado a muchas vidas fuerza, alegría y sentido. Porque la gloria celestial esperada ilumina todos los caminos:
“Allí exultarán los jóvenes por el triunfo conseguido…
allí hallarán reposo a las mujeres casadas que han vivido en las fatigas,
en los dolores de las maldiciones y de los rigurosos partos,
allí verán a sus hijos que sepultaron entre gritos de lamento
paciendo como corderos en el Edén”.
“Los tullidos que no podían andar, en el paraíso saltarán de gozo
y los lisiados que ni arrastrarse podían volarán por el aire,
a los ciegos y a los sordos hambrientos desde el seno materno
con hambre de aquella luz que nunca pudieron ver,
la belleza del paraíso dará contento a sus ojos
y el sonido de sus cítaras llenará sus oídos de consuelo”.
“La virgen que rechazó una corona corruptible
brillará en aquella radiante cámara nupcial que acoge con amor a los hijos de la luz porque aborreció las obras de las tinieblas.
A quien la casa se le había quedado aquí solitaria y desierta
tendrá allí un concurrido banquete de bodas,
los ángeles alborozados estarán en él y también los profetas llenos de alegría
y los apóstoles resplandecientes de gloria”.











