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Nicea y el Líbano: el Papa regresa a las raíces para sostener a la Iglesia en la tormenta

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Mónica Alcalá - publicado el 26/11/25
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El Papa León XIV realiza el primer viaje apostólico, fuera de Italia, de su pontificado. ¿Por qué Turquía y el Líbano?

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Para comprender este primer viaje apostólico del Papa León XIV hay que remontarnos al año 325 d.C. El imperio romano se desmoronaba entre guerras, divisiones internas, caos político. En medio de esto, un sacerdote, Arrio, quien fue discípulo de san Luciano en la escuela exegética de Antioquía, continuaba y exacerbaba un debate y confusión en medio de la naciente iglesia: que Jesucristo no era verdaderamente Dios. El tema era la naturaleza de Cristo y su relación con el Padre.

La doctrina arriana, como se le llamó posteriormente, argumentaba que Jesucristo era un ser creado por Dios Padre y no consustancial con Él, lo que negaba su plena divinidad. La creencia del arrianismo era que el Padre era el único ser verdaderamente eterno y solo Él era Dios. 

En este contexto, fue el Emperador Constantino quien convocó al primer Concilio de Nicea, donde más de 300 obispos —muchos de ellos marcados por la persecución— se reunieron para discernir la verdad de la fe.

La verdad de Jesucristo sin ambigüedades

En este primer Concilio de Nicea, al afirmar la divinidad de Jesucristo que es uno con el Padre, nace el Credo que rezamos cada domingo en la Santa Misa. Es gracias al discernimiento de estos primeros padres de la Iglesia que podemos decir con certeza que Jesucristo es “Dios de Dios, Luz de Luz, Dios verdadero de Dios verdadero”.

Nicea fue, en pocas palabras, la defensa de la fe en Jesús como verdadero Dios y verdadero hombre, el corazón del cristianismo.

El Papa León XIV, con su estilo directo y pastoral, sabe lo que hace al viajar allá: regresa al punto donde se afirmó quién es Cristo en un mundo donde su Persona vuelve a ser relativizada, reinterpretada; ignorada o confundida.

¿Por qué un Papa regresa a Nicea 1700 años después?

Para afirmar la identidad de Jesucristo en tiempos líquidos. En momentos de la historia en donde todo, incluso la fe en Jesús, se ha vuelto relativo, al gusto, acomodado a las modas. Volver a Nicea es decir: La Iglesia no negocia quién es Jesús.

Este viaje, es también un gran momento para reavivar el tema de la unidad de los cristianos. Nicea es un puente entre católicos, ortodoxos y muchas iglesias orientales. También recordando que, al ser el primer Concilio de la Iglesia, su contenido es aceptado tanto por católicos, como por ortodoxos, luteranos, anglicanos, reformados y algunos evangélicos modernos. Un Papa allí, es un gesto de cercanía ecuménica: Recordemos juntos lo que nos une: Cristo verdadero Dios y verdadero hombre. 

Se trata también de una ocasión privilegiada para acompañar a los cristianos perseguidos en Medio Oriente. Turquía, un país con complejos temas de libertad religiosa; tierra de persecuciones pasadas y actuales, por lo que la idea es clara: la fe nació aquí, vivió aquí y no será abandonada.

El Líbano: la herida abierta del cristianismo en Oriente

Un país con un esperanzador número de cristianos. Tienen una presencia antigua pero viva, y  profundamente amenazada.

Los retos del Líbano hoy:

Crisis económica devastadora (una de las peores del mundo en décadas).

Éxodo masivo de jóvenes, incluidos miles de cristianos.

Inestabilidad política permanente.

Tensiones sectarias acumuladas.

Presencia de refugiados sirios y palestinos que duplican la presión social.

Bombardeos e impactos colaterales por conflictos regionales.

El Líbano es para la Iglesia una llama que no puede apagarse. San Juan Pablo II lo describió así: “El Líbano es más que un país; es un mensaje”.

Un mensaje de esperanza

El Papa León XIV les dice a ambos países: “No están solos”. El Papa quiere un Oriente Medio con los cristianos dentro, no fuera, no desplazados, no perseguidos, no humillados por su fe. La Iglesia sabe que desaparecer del Líbano es desaparecer del resto de la región, por lo que habremos de esperar un fuerte llamado al respeto, a la unidad y a la libertad de ejercer la fe.

El Líbano ha sido, por siglos, un laboratorio de coexistencia entre musulmanes y cristianos.

El Papa quiere que ese modelo sobreviva.

Así pues, vemos en este primer Viaje del Papa fuera de Italia un verdadero símbolo. Nicea que nos recuerda quién es Cristo, que nos llama a reconocer su divinidad, a no diluir su persona entre los gustos personales o las modas actuales. Y también es un llamado a la libertad; un llamado de resistencia en la fe de quienes son perseguidos por creer, justamente, que Jesús es Dios.

Es un viaje que dice sin decir: la Iglesia no olvida su historia, no abandona a los que resisten por la fe, y no deja de creer que la luz —aunque pequeña— siempre vence en la noche.

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