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Del uniforme de enfermera al hábito religioso: se consagró para orar por los sacerdotes 

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Jesús V. Picón - publicado el 26/11/25
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Para Rosalina, servir a los más enfermos y necesitados en el IMSS no fue suficiente, su corazón le indicaba que su vida era para entregarse a la oración por los sacerdotes, pues como ella misma reconoce, una nación sin sacerdotes es una nación muerta

Su nombre es Rosalina Aguilera Calderón y es una mexicana nacida en Guanajuato, cerca de la ciudad de Moroleón; pero, desde que era pequeña, se fue con su familia a vivir a la ciudad fronteriza de Mexicali, estado de Baja California.

El testimonio de los que sufren

Allá estudió y trabajó como enfermera en el IMSS (Instituto Mexicano del Seguro Social) y se dio cuenta de que los pacientes tenían una fuerte experiencia de encuentro con Dios.

"En mi profesión, no es mucho lo que yo hago para que ellos se acerquen a Dios; más bien, son ellos los que dan testimonio del encuentro que experimentan con Dios dentro del dolor y la enfermedad".

Eran los años 70 y Rosalina, como católica practicante, además de ser profesionista, era la encargada de los catequistas. 

En cuanto a su empleo, hacía de todo: "Bajábamos por las pacientes a la sala de quirófano, los trasladábamos en la camilla, los pasábamos a su cama, hacíamos lista de dietas, nos encargábamos de la aplicación del tratamiento indicado por los médicos... Hacíamos de todo, dependiendo del lugar donde estuvieras en el servicio: urgencias, pediatría, ginecología, obstetricia. Tu servicio no estaba tan separado como hoy, que hay camilleros y están muy especificadas las funciones de la enfermera; en aquel entonces tú hacías de todo y no le tenías miedo a la sangre".

La belleza de dar a luz

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La madre Rosalina cuando era enfermera

Rosalina recuerda que en el IMSS le tocó, lo mismo estar en quirófano, que en sala de partos. "Y me encantaba ese servicio, el de acompañar a las señoras en su proceso de dar a luz y ver el milagro de la vida. Era algo extraordinario ver el dolor de la señora en el momento del parto y la alegría de ver a su hijo, que le hacía olvidar lo que acababa de sufrir".

"Fue una experiencia muy, muy bonita; sin embargo, yo nunca anhelé ser madre físicamente, pues tengo muy claro que mi misión es dar vida espiritualmente a otros".

"Y lo hice muy consciente, diciéndole a Jesús: 'Sí, me hiciste capaz de dar vida físicamente; pero elijo dar vida espiritualmente a los demás porque, cada vez de que hablo a alguien de Ti, estoy dando vida espiritual al otro'. Tengo muy claro eso y soy feliz".

Una vida muy fecunda

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Fue por ello que ingresó a la congregación religiosa de las Hijas del Espíritu Santo, donde profesó sus votos hace 40 años. 

"Hoy tengo 69 años y sé que mi vida religiosa ha sido muy fecunda en la vida de otros, pues el Señor me ha permitido ver muchos frutos en muchos sacerdotes o en los que todavía van en camino formativo".

"Recuerdo una frase de nuestro fundador, el padre Félix de Jesús Rougier, MSpS; en su Carta Magna para nosotras, las Hijas del Espíritu Santo, decía que una nación sin sacerdotes es una nación muerta. Y hoy, más que nunca, necesitamos que los sacerdotes nos hagan presente a Jesús. Y también necesitamos mujeres en el matrimonio de la vida consagrada, con un corazón maternal sacerdotal, que cultiven en los demás esa vocación y ese amor por Jesús Sacerdote y por los sacerdotes".

"Nuestro compromiso de oración es por su fidelidad y su santidad".

Jugarse la vida por Jesús

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La hermana Rosalina culmina con esta invitación: "Hay que abandonarse más a la acción y a la presencia del Espíritu Santo. Díganle que Él, como el Amor que es, nos enseñe a amar a los demás y nos ayude a madurar y educar nuestra afectividad para que, desde el amor a Dios, a nosotros mismos y a los demás, seamos capaces de jugarnos la vida por Jesús en favor de los otros".

Y a los sacerdotes y demás consagrados les dice: "Busquen los espacios de encuentro con Jesús, porque la oración cura y llena todas nuestras necesidades y nuestras enfermedades".

"Distingan en su vida que no es lo mismo una profesión que una vocación, y dense la oportunidad de responderle a Dios y de ser felices". 

La Madre Rosalina termina con una petición especial, que las jóvenes se den la oportunidad de conocer la vida religiosa y consagrarse para orar por los sacerdotes y sus necesidades.

Proceso vocacional

La madre Rosalina comparte datos de contacto de las Hijas del Espíritu Santo por si alguna mujer desea conocer sobre ellas: [email protected] 
y +52 55 5665 5238.
Facebook: https://www.facebook.com/HijasdelEspirituSantoHES

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