Fernando Simón-Moretón lleva la abogacía en los genes. Aprendió de su padre a defender la justicia ante los tribunales humanos en Salamanca.
Buscando el orden y la concordia con su trabajo, se siente muy identificado con el patrón de Salamanca, san Juan de Sahagún.
“Soy “sanjunista” en esta ciudad agustina por excelencia que él amó profundamente y donde hoy descansan sus restos”, explica a Aleteia.
San Juan de Sahagún predicó con la verdad incluso cuando incomodaba -destaca admirado Fernando- y enseñó que “la ira engendra odio, mientras la concordia nutre el amor”.
Esas palabras del santo agustino siguen resonando hoy en la casa donde se firmó la paz entre los bandos que habían llenado de violencia esta ciudad castellana en el siglo XV.
Inspiración, compañía e intercesión
“La labor pacificadora de san Juan en una Salamanca enfrentada es para mí un ejemplo luminoso -comparte Fernando-: aspirar a la paz en la familia, en el trabajo, entre los míos, es un ideal que siempre he perseguido, inspirado por él”.
Por eso, en su casa y en su despacho, el abogado hace presente a este santo en su día a día, con imágenes, recuerdos y oraciones.
“Tengo su imagen en mi ordenador y no hago ningún escrito sin que pase por el visto bueno de san Juan Sahagún”, dice.
“En épocas de más trabajo —coincidiendo curiosamente con las fechas próximas a su fiesta- y en mis tiempos de estudiante también con los exámenes, he elevado muchas veces una súplica sencilla: “san Juan de Sahagún, acompáñame; intercede por mí”.
Fernando está convencido de haber recibido “multitud de gracias por su intercesión”. Y las interpreta como “señales de su cercanía y de la presencia de la providencia del Señor que me acompaña desde el primer momento de mi vida”.
Unido al santo desde que nació
Él no considera una casualidad haber nacido en una clínica frente a la parroquia de San Juan de Sahagún de Salamanca.
Ni que en esa iglesia recibiera el Bautismo y la Confirmación. Tampoco le parece causal que allí mismo conociera a Elena, con quien se casó en ese mismo templo.
En esa parroquia de San Juan de Sahagún bautizaron más tarde a sus tres hijos y despidieron a los abuelos.
“Mi devoción a este santo no ha sido un sentimiento repentino, sino
un camino progresivo, un itinerario vital en el que, a través de su ejemplo y
virtudes, he ido descubriendo la cercanía de Dios revelado en Jesucristo”, resume.
12 de junio
En este camino, tiene una fuerza especial el 12 de junio, día lleno de recuerdos y de acción de gracias para Fernando y para toda su familia.
“La fiesta de san Juan de Sahagún es un día muy importante para nosotros, casi como el día de Navidad”, afirma.
Su segundo hijo nació el mismo día de la fiesta del santo, lleva por nombre Pablo Juan de Sahagún e hizo su Primera Comunión también un 12 de junio.
Fernando siempre participa con devoción en la novena a San Juan del 3 al 11 de junio. Y confiesa que le conmueven los textos de la Biblia que se proclaman en la misa de la fiesta de san Juan.
La paz, don y tarea
“La lectura de Isaías que se lee habla del espíritu que trae la paz y convierte el desierto en vergel, y nos recuerda que el fruto de la justicia y el derecho es la paz”, explica.
“La carta a los Romanos exhorta a devolver bien por mal y a buscar la paz con todos y en la de San Mateo Jesús invita a amar a los enemigos y a orar por quienes persiguen”, añade.
“Son lecturas que me gustaría que se proclamaran en mi propia eucaristía de
acción de gracias después de mi muerte -destaca-, porque resumen el corazón del mensaje cristiano y la vida del santo: la paz como don y como tarea”.
Siempre bajo su amparo
Fernando conoce bien la vida de su santo patrono porque la ha “leído, meditado y rezado durante muchos años”.
Comparte su devoción a la Eucaristía, y asegura que la figura de este agustino ha marcado, de un modo discreto pero continuo, el rumbo de su propia vida espiritual.
Para él, su devoción a san Juan “no es solo tradición ni sentimiento localista, sino un camino espiritual, una ayuda constante, una referencia de vida cristiana y un testigo de la paz que Dios quiere para sus hijos”.
“Primero Dios, la Virgen María y san Juan de Sahagún, por ese orden -dice- y a ellos me encomiendo y espero seguir siempre bajo su amparo”.











