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El Líbano, una tierra bíblica

Libanonska zastava
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Camille Dalmas - publicado el 24/11/25
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Del 30 de noviembre al 2 de diciembre, el Papa León XIV visitará el Líbano durante su primer viaje internacional. El "país del cedro" ocupa un lugar muy importante en las Sagradas Escrituras

Mencionado únicamente en el Antiguo Testamento, el Líbano aparece citado en 71 ocasiones. La cordillera que ocupa gran parte de su territorio es descrita por los profetas como una de las fronteras naturales de la Tierra Prometida ofrecida por Dios al pueblo de Israel. "Todo lugar que pise la planta de vuestro pie será vuestro: vuestra frontera se extenderá desde el desierto hasta el Líbano, y desde el río Éufrates hasta el mar occidental" (Dt 11,24), afirma Moisés tras la huida de Egipto. El sucesor de Moisés, Josué, incluye incluso en este territorio "Baal-Gad, en el valle del Líbano". Aunque no se sabe con certeza dónde se encontraba esta ciudad, punto septentrional de las tierras de la nación judía, varias hipótesis apuntan al sur del valle de la Bekaa, en el Líbano.

En la Biblia, el Líbano también se asocia muy a menudo con los magníficos bosques de cedros que crecen en las laderas de sus montañas. Mencionado en 75 ocasiones, este árbol, que hoy figura en la bandera libanesa, representaba en aquella época un recurso económico clave para Oriente Próximo. Salomón lo utilizó para construir el templo de Jerusalén, el lugar más sagrado del judaísmo antiguo, pero también el palacio del sabio soberano. Para llevar a cabo estas construcciones, Salomón envió a varias decenas de miles de judíos al rey libanés Hiram de Tiro para transportar los preciados troncos.

La reputación de belleza de los bosques de cedros del Líbano aparece en algunos de los versículos más poéticos de la Biblia. Es el caso del Salmo 92, donde se dice que los justos "se elevan como el cedro del Líbano" y prosperan a pesar de la edad, como estos árboles "llenos de savia y verdes" (Sal 92,13-15). En el Salmo 104, los bosques libaneses se convierten en una imagen de la perfección de la creación divina: «Los árboles del Señor se sacian, los cedros del Líbano, que él ha plantado. Allí anidan las aves» (Sal 104,16-17).

En el Cantar de los Cantares, las riquezas del Líbano resuenan en el canto de amor del esposo a su amada. Expresando toda su sensualidad y deseo, el hombre se maravilla ante la belleza de su esposa, comparando su boca con la leche y la miel y afirmando que "el aroma de [sus] vestidos es como el aroma del Líbano" (Ct 4,11). El amado promete a su amada llevarla a visitar las cimas del macizo libanés, "fuente de los jardines, pozo de aguas vivas que brotan del Líbano" (Ct 4,15). Y ella, a su vez, contempla al objeto de su amor, deteniéndose en sus piernas, "columnas de mármol sobre bases de oro puro", cuyo aspecto "es el del Líbano: ¡como el cedro, sin rival!" (Ct 5,15). La belleza de la tierra libanesa también inspira a los profetas Ben Sira, Oseas y Nahum, que exaltan su perfume, la fama de su vino y la delicadeza de su flora.

Un espejo del poder divino

El profeta Isaías, por su parte, ve en el verde Líbano un testimonio de la fuerza natural que solo Dios puede dominar. "El Señor, Dios de los ejércitos, rompe las ramas con violencia: las más grandes son cortadas, las más altas son derribadas; derriba con el hierro los matorrales del bosque, y el Líbano cae bajo el Poderoso" (Is 10,33-34). Del mismo modo, "la voz del Señor rompe los cedros del Líbano" (Sal 29,5), y su poder los hace ondular como "espigas" (Sal 72,16). Por su parte, el profeta Jeremías afirma que Dios sería capaz de convertir las blancas cimas del Líbano en un desierto infértil (Jr 22,6).

Varias referencias asocian el Líbano con su fauna, y Isaías menciona la presencia de leones y leopardos en sus montañas. En las cumbres libanesas también se encuentra el "gran águila, de grandes alas, de inmensa envergadura, de plumaje espeso y colorido", mencionado por Ezequiel, que domina "la copa del cedro" (Ez 17,3). Una grandeza natural notable que, muy a menudo, se doblega ante la omnipotencia divina: "El Líbano no bastaría para el fuego, ni sus animales para el holocausto", asegura Isaías para exaltar aún más la grandeza divina, más inmensa incluso que la "gloria del Líbano" (Is 40,16; Is 35,2).

¿Y en el Nuevo Testamento?

Aunque el Líbano no se menciona explícitamente en el Nuevo Testamento, podría aparecer en él. La ciudad de Caná, en la que Jesús realiza su primer milagro, convirtiendo el agua en vino durante una boda, podría corresponder a las ciudades de Qana, en el sur del Líbano, pero también a las de Kafr Cana y Khirbet Cana, en Israel.

Los arqueólogos no se han pronunciado al respecto, pero Antonio Andary, de la Fundación Maronita, defiende la hipótesis libanesa. Además, considera que Jesús también habría visitado territorio libanés en otras ocasiones, en particular durante su encuentro con la mujer cananea, que, según él, habría tenido lugar cerca de Sidón.

Por último, afirma que la Transfiguración podría haber tenido lugar en la cima del monte Hebrón, una montaña del Golán que pertenece en parte al Líbano y a Siria (pero que está ocupada por Israel desde 2024). Sin embargo, el lugar tradicionalmente aceptado es el monte Tabor, en Israel.

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