"Quien canta expresa amor, pero también el sufrimiento, la ternura y el deseo que anidan en su corazón, y al mismo tiempo, ama a aquel a quien dirige su canto", explicó el Papa León XIV al celebrar la misa del 23 de noviembre de 2025, ante más de 40.000 personas reunidas en la Plaza de San Pedro para el Jubileo de Coros y Grupos Corales, celebrado en Roma ese fin de semana. Esta liturgia, con motivo de la festividad de Cristo Rey, el último domingo del año litúrgico de 2025, también marcó la celebración diocesana de la Jornada Mundial de la Juventud.
“Las grandes civilizaciones nos han dado el don de la música para que podamos expresar lo que llevamos dentro y lo que las palabras no siempre pueden expresar”, explicó el Papa en su homilía, ante la multitud que llenaba la Plaza de San Pedro, en el frío pero bajo un hermoso sol otoñal. Entre los fieles se esperaban más de 35.000 coristas y músicos de 117 países para este encuentro jubilar organizado en el contexto de la memoria litúrgica de Santa Cecilia, celebrada el 22 de noviembre.
“Todos los sentimientos y emociones que surgen en nosotros de una relación viva con la realidad pueden expresarse en la música”, afirmó el Papa en esta homilía, de marcado tono agustiniano. El amor a Dios es “la inspiración y la razón de vuestro canto”, insistió, explicando que “la música litúrgica se convierte así en un instrumento precioso mediante el cual alabamos a Dios y expresamos la alegría de la nueva vida en Cristo”.
"Canta pero camina [...] avanza en el bien", escribió san Agustín, quien "nos exhorta todavía a caminar cantando, como viajeros cansados que encuentran en el canto un anticipo de la alegría que experimentarán cuando alcancen la meta", aseguró el pontífice.
La exigencia de fidelidad a la liturgia
"Ser parte de un coro significa, pues, caminar juntos tomando de la mano a nuestros hermanos, ayudándolos a caminar con nosotros y cantando con ellos las alabanzas de Dios, consolándolos en sus sufrimientos, exhortándolos cuando parecen ceder a la fatiga, dándoles entusiasmo cuando la fatiga parece prevalecer", insistió León XIV.
Inspirándose en San Ignacio de Antioquía, el Papa también vinculó el canto coral con la unidad de la Iglesia. En efecto, a través del canto coral, "las diferentes voces de un coro armonizan entre sí para dar origen a una sola alabanza, símbolo luminoso de la Iglesia, que, en el amor, une a todos en una dulce melodía", afirmó el Papa.
Al invitar a los miembros del coro a estudiar atentamente los textos del Concilio Vaticano II sobre el significado de su participación en la liturgia, el Papa subrayó que su servicio constituye "un verdadero ministerio que exige preparación, fidelidad, comprensión recíproca y, sobre todo, una profunda vida espiritual".
"Hay que saber implicar siempre al pueblo de Dios, sin ceder a la tentación de la exhibición que excluye la participación activa en el canto de toda la asamblea litúrgica", advertía León XIV, pidiendo por tanto a los miembros del coro evitar cualquier protagonismo excesivo en una liturgia en la que Cristo dice seguir siendo el centro.
Un homenaje a Santa Cecilia
El Papa concluyó su homilía encomendando los miembros del coro "a la protección de Santa Cecilia, virgen y mártir que aquí en Roma elevó con su vida el canto más bello del amor, entregándose totalmente a Cristo y ofreciendo a la Iglesia su luminoso testimonio de fe y de amor".
Según una tradición muy antigua, Santa Cecilia, mártir de las persecuciones romanas alrededor del año 230, es la patrona de la música, pues se dice que escuchó a ángeles cantar en su boda o que cantó un himno a Dios al hacer voto de virginidad al casarse. La referencia a Santa Cecilia dio origen, en el siglo XIX, a un movimiento de renovación litúrgica centrado en Ratisbona, Alemania, conocido como el «Movimiento Ceciliano».











