¿Conoces a san Romano el Melodioso y sus cantos religiosos? Este Padre de la Iglesia nacido en Siria a finales del siglo V es más conocido en la Iglesia ortodoxa.
Sin embargo, Benedicto XVI afirmó que “ha pasado a la historia como uno de los más representativos autores de himnos litúrgicos”.
En una audiencia general dedicada a este diácono, el Papa alemán relató un “episodio clave” que Romano vivió en Constantinopla.
Según el Sinaxario que recopila las historias de santos de las Iglesias ortodoxas y católicas orientales, la Madre de Dios se le apareció en sueños y “le pidió que se tragara una hoja enrollada”.
“Al despertar, a la mañana siguiente -era la fiesta de la Navidad-, Romano se puso a declamar desde el ambón: "Hoy la Virgen da a luz al Trascendente"”, un himno de Navidad que ha traspasado los siglos y las fronteras.
Himno de Navidad
Hoy la Virgen da a luz al Trascendente,
y la tierra ofrece una cueva al Inaccesible.
Los ángeles cantan su gloria con los pastores,
los magos avanzan guiados por la estrella,
porque por nosotros ha nacido
el Dios eterno, niño pequeñito.
La Virgen hoy da a luz al que es anterior a los siglos,
y la tierra ofrece una gruta al Inaccesible.
Los ángeles con los pastores le dan gloria,
los magos avanzan siguiendo la estrella,
pues por nosotros nació
el Dios eterno, niño pequeñito.
José dijo a la Virgen:
“María, ¿qué es este misterio que veo en ti?
Te veo cargando a un niño
y me sorprendo lleno de asombro;
mi mente está turbada.
Apártate de mí suavemente, María;
porque lo que en ti ha sido concebido
me sobrepasa”.
La Virgen respondió a José:
“¿Por qué temes viendo en mí un parto portentoso?
Es obra del Espíritu Santo.
¿Por qué huyes, como si me vieras culpable?
No sabes que he permanecido pura.
Admira, pues, este misterio:
Dios se ha encarnado para salvar a los hombres”.
José, oyendo las palabras de la Virgen, dijo:
“Dios ha abierto mi oído…
Recibo tu misterio, María.
Glorificaré al que nace de ti:
porque por nosotros ha nacido
el Dios eterno, niño pequeñito”.
Los magos dijeron:
“¿Dónde está el recién nacido Rey?
Porque hemos visto su estrella en oriente”.
Y guiados por la luz sobrenatural,
llegaron con presentes,
y adoraron al que había venido al mundo
para salvar nuestras almas.
Los pastores velaban aquella noche,
cuando apareció ante ellos la luz;
y la gloria del Señor los rodeó,
y un ángel anunció:
“Ha nacido Cristo; corre y mirad al Niño
acostado en el pesebre”.
Y glorificaron al Dios eterno.
Ángeles y arcángeles celebran hoy la fiesta;
los querubines exultan,
los serafines glorifican;
toda la creación se alegra,
porque ha nacido el Salvador.
Un niño pequeño, Dios antes de los siglos,
que viene a salvar al mundo.
Teólogo, poeta, catequista, compositor
Esa experiencia llevó a Romano atribuir a María su talento artístico. Y desde entonces, el diácono se convirtió en predicador-cantor hasta su muerte. Según varios autores, compuso mil obras cantadas, aunque hoy solo se conservan 89.
Benedicto XVI reconoció a este santo como parte del “gran grupo de teólogos que transformó la teología en poesía”.
“A través de sus composiciones podemos darnos cuenta de la creatividad de esta forma de catequesis, de la creatividad del pensamiento teológico, de la estética y de la himnografía sagrada de aquella época”, subrayó el Papa.
Kontákia
Las homilías cantadas de Romano el Melodioso se llaman kontákia. Esta palabra significa "pequeña vara" y hace referencia al pequeño palo redondo en torno al cual se envolvía el rollo de un manuscrito litúrgico o de otro tipo.
El diácono componía en un griego sencillo para que las personas pudieran entender lo que cantaba.
Sus kontákia están formadas por estrofas, normalmente entre 18 y 24, con el mismo número de sílabas, lo cual ayuda a crear ritmo.
Y las iniciales de cada estrofa indican el nombre del autor (acróstico), precedido frecuentemente por el adjetivo "humilde".
Palabras y vida
Para Benedicto XVI, “la fuerza de convicción de sus predicaciones se fundaba en la gran coherencia que existía entre sus palabras y su vida”. En una oración el compositor rezaba:
"Haz clara mi lengua, Salvador mío, abre mi boca
y, después de llenarla, traspasa mi corazón
para que mi actuar sea coherente con mis palabras".
En cuanto a la Virgen, Romano le agradeció su don artístico recordándola al final de casi todos sus himnos y dedicándole algunos de los más bonitos, según Benedicto XVI: Natividad, Anunciación, Maternidad divina y Nueva Eva.










