Durante su pontificado, al Papa Francisco siempre le gustó destacar a los "santos de al lado", refiriéndose al llamado universal a la santidad y a la realidad de que hay hombres y mujeres santos a nuestro alrededor, aunque la mayoría nunca serán canonizados.
A veces puede resultar tentador pensar que solo los sacerdotes y religiosos de países lejanos y siglos remotos están llamados a convertirse en santos. Sin embargo, la Iglesia siempre ha insistido en que cualquiera (incluido usted, que está leyendo este artículo) puede y debe convertirse en santo.
Puede que no nos sintamos capaces de hacerlo, pero con la gracia de Dios, todos podemos cumplir el plan que Él tiene para nuestras vidas y llevar una vida de santidad heroica.
Celebración de los santos locales en noviembre

El Papa Francisco escribió una carta en 2024 sobre su deseo de que todas las diócesis del mundo honraran a los santos locales en el mes de noviembre:
"Me parece importante que todas las Iglesias particulares conmemoren en una sola fecha a los santos y beatos, así como a los venerables y siervos de Dios de sus respectivos territorios. No se trata de insertar una nueva memoria en el calendario litúrgico, sino de promover con iniciativas adecuadas fuera de la liturgia, o de recordar dentro de ella, por ejemplo en la homilía o en otro momento que se considere oportuno, aquellas figuras que han caracterizado el camino y la espiritualidad cristiana local. Por lo tanto, exhorto a las Iglesias particulares, a partir del próximo Jubileo de 2025, a recordar y honrar a estas figuras de santidad, cada año el 9 de noviembre, fiesta de la Dedicación de la Basílica de Letrán".
Explicó:
"Esto permitirá a las comunidades diocesanas redescubrir o perpetuar la memoria de discípulos extraordinarios de Cristo que han dejado una huella viva de la presencia del Señor Resucitado y que siguen siendo hoy guías seguros en el camino común hacia Dios, protegiéndonos y apoyándonos".
Cada diócesis tiene que organizarse
Aunque el papa Francisco escribió esta carta a todos los obispos del mundo, sigue siendo necesaria cierta coordinación en cada diócesis para facilitar al máximo esta petición. La celebración será naturalmente diferente en una diócesis de Estados Unidos, Nigeria o México, donde quizá no haya muchos santos locales en camino de canonización, y en una diócesis de Irlanda o Francia, donde hay cientos de santos de dos milenios de cristianismo.
Pero la idea es la misma: es un recordatorio de que la santidad no está reservada a unos pocos, sino que está abierta a todos, incluso a aquellos que son o fueron tus vecinos. Y esta fiesta puede convertirse en un gran faro para todos los católicos que luchan en el camino de la vida.










