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Eucaristía: ¿qué dice el sacerdote y qué dicen los fieles?

MSZA ŚWIĘTA
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Mónica Muñoz - publicado el 17/11/25
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Los fieles laicos, pueblo de Dios, deben participar activamente en la Eucaristía, pero hay partes en donde solo corresponde hablar al sacerdote que preside.

Cuando asistimos a la Eucaristía sabemos que no vamos a presenciar un monólogo, sino que, como parte de la asamblea, cada ministro y todos los fieles desempeñan un papel fundamental. Por eso es importante conocer bien lo que corresponde decir al sacerdote que preside la celebración y en qué parte le toca al pueblo responder.

La participación de los fieles

Con la reforma de la liturgia del Concilio Vaticano II, esta participación incrementó porque ahora el pueblo de Dios entendía en su propia lengua lo que estaba ocurriendo durante las celebraciones.

Por esta razón, la Congregación para el Culto Divino y la disciplina de los Sacramentos emitió la instrucción Redemptionis Sacramentum Sobre algunas cosas que se deben observar o evitar acerca de la Santísima Eucaristía. En el capítulo II se menciona:

...la participación de los fieles laicos en la celebración de la Eucaristía, y en los otros ritos de la Iglesia, no puede equivaler a una mera presencia, más o menos pasiva, sino que se debe valorar como un verdadero ejercicio de la fe y la dignidad bautismal.

Renovación litúrgica

Así mismo, el papa san Juan Pablo II destacó los resultados positivos de la renovación de la vida litúrgica en la carta apostólica Vicesimus Quintus con motivo del XXV aniversario de la Constitución sobre la Sagrada Liturgia :

Por ello conviene dar gracias a Dios por el paso de su Espíritu en la Iglesia, como ha sido la renovación litúrgica; por la mesa de la Palabra de Dios, dispuesta con abundancia para todos; por el inmenso esfuerzo realizado en todo el mundo para ofrecer al pueblo cristiano las traducciones de la Biblia, del Misal y de los otros libros litúrgicos; por la mayor participación de los fieles, a través de las plegarias y los cantos, de los gestos y del silencio en la celebración de la Eucaristía y de los demás sacramentos (no. 13).

Qué le toca decir al pueblo

Ahora bien, es importante distinguir las partes en las que solamente ora el sacerdote y en las que responde la asamblea.

El Misal romano lo especifica con rúbricas - letras en rojo que da las indicaciones a seguir - y aunque no tenemos ese libro, los misales mensuales o anuales copian las instrucciones generales del Misal.

Por citar algunos ejemplos, en la primera parte denominada Liturgia de la Palabra, la asamblea solo responde después de la primera y segunda lectura cuando el lector dice: Palabra de Dios, y todos responden: Te alabamos Señor.

Durante el salmo, la respuesta es indicada por el salmista, ya sea recitada o cantada. Y después de que el diácono o sacerdote va a proclamar el santo Evangelio, dice: El Señor esté con ustedes. Y todos responden: Y con tu Espíritu. Al finalizar la lectura el sacerdote dice: Palabra del Señor. Y todos dicen: Gloria a Ti, Señor Jesús.

Otros momentos en los que los fieles hablan es en el Credo, en la respuesta a la oración de los fieles, - o peticiones - . Y en la Liturgia eucarística, cuando se prepararan los dones del pan y el vino en el ofertorio, en la Plegaria eucarística, en la aclamación - tuyo es el reino... - en el Padre nuestro, antes de la comunión y en la bendición final. Por supuesto, los cantos deben ser entonados por toda la asamblea.

El sacerdote preside en nombre de todos

Posturas en Misa

En cambio, el sacerdote que se dirige a Dios en nombre de toda la asamblea - por eso se le dice "presidente" - habla casi en todo momento porque varias de las oraciones las pronuncia en secreto.

Mientras tanto, los fieles no repiten sino que deben escuchar y orar en silencio y unir sus corazones a lo que el sacerdote está realizando en el altar. Al respecto, la Redemptionis Sacramentum dice:

 La observancia de las normas que han sido promulgadas por la autoridad de la Iglesia exige que concuerden la mente y la voz, las acciones externas y la intención del corazón... Las palabras y los ritos litúrgicos son expresión fiel, madurada a lo largo de los siglos, de los sentimientos de Cristo y nos enseñan a tener los mismos sentimientos que él; conformando nuestra mente con sus palabras, elevamos al Señor nuestro corazón. (RS n. 5). 

La próxima vez que asistas a la santa Misa, pon tu mente y corazón en lo que dices, escuchas y haces para que la Eucaristía sea más provechosa para tu crecimiento espiritual.

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