Apenas presentada al público por el cardenal Víctor Manuel Fernández, la nota doctrinal Mater Populi Fidelis (Madre del Pueblo Fiel) del Dicasterio para la Doctrina de la Fe -que fue aprobada por el papa León XIV recién el 7 de octubre -, ya estaba causando controversia. En ella se explica por qué no deben usarse los términos "corredentora" y "mediadora" refiriéndose a María santísima.
La explicación del Dicasterio
Una publicación de I.Media declara que la nota doctrinal está "dedicada a ciertos títulos atribuidos a la Virgen María, en particular los de "corredentora" y "mediadora".
Continúa diciendo que "el texto de aproximadamente veinte páginas y de marcado carácter teológico, busca clarificar la posición del Magisterio sobre el estatus y el papel de María, recordando que, según la fe católica, 'solo Dios puede conceder la gracia'".
Corredentora y mediadora de todas las gracias
Es comprensible que el amor a María Santísima toque fibras muy sensibles y haga creer a algunos que el Dicasterio disminuye el papel de la Madre de Dios, sin embargo es necesario que se entienda claramente lo que expone la Nota Doctrinal.
Sabemos que el papa Benedicto XVI amaba profundamente a la Virgen María y que era un erudito en Teología. Por eso no es extraño leer en la Nota que:
"El Cardenal Ratzinger no negaba que hubiese buenas intenciones y aspectos valiosos en la propuesta de uso de este título -corredentora -, pero sostenía que era «un vocablo erróneo»".
En cuanto a ser mediadora, el documento menciona:
Debemos entender la mediación de María no como un complemento para que Dios pueda obrar plenamente, con mayor riqueza y hermosura, sino «de tal manera que no quite ni añada nada a la dignidad y a la eficacia de Cristo, único Mediador».
Aquí lo interesante estriba en recordar que Cristo es Dios y que por Él fuimos salvados. El papel de María Santísima no demerita en nada si no se le colocan los títulos mencionados, porque Jesús mismo ha dado a su Madre la tarea de ayudarnos a acercarnos más a Él y de interceder por nosotros.
Recordemos que es humana, eso sí criatura especialísima y elegida por Dios, pero no es más que Dios - porque incluso hay quienes a su imagen de Virgen niña le llama la "divina infantita", pero ese es otro tema - .
La humildad de María Santísima
Ella misma se ha presentado como la "Madre del verdadero Dios por quien se vive" en el Acontecimiento Guadalupano, o como la Inmaculada Concepción en Lourdes, pero nunca se ha atribuido títulos que la Iglesia no haya reconocido - por eso tenemos cuatro dogmas bien fundamentados - .
La sagrada Escritura recoge sus sencillas palabras de aceptación y reconocimiento de la enorme misión que Dios le encomendaba:
«He aquí la esclava del Señor; hágase en mí según tu palabra» (Lc 1, 38).
Y después, al ir a servir a su prima Isabel, nuevamente se reconoce humilde ante la grandeza de la elección hecha por Dios con ella:
se alegra mi espíritu en Dios, mi salvador; porque ha mirado la humildad de su esclava. Desde ahora me felicitarán todas las generaciones, porque el Poderoso ha hecho obras grandes en mí (Lc 1, 47-49).
Si en algún momento se habrá de retomar el tema, los acontecimientos lo dirán. Por lo pronto, los católicos debemos imitar a María Santísima y ser humildes y obedientes, y aceptar las decisiones del Papa que dirige la Iglesia con la plenitud del Espíritu Santo.
Pero lo mejor de todo es que nuestra relación con Ella es la misma, es nuestra Madre del cielo, es Madre de la Iglesia y seguirá intercediendo por nosotros y conduciéndonos a Jesús como en Caná, para vivir con ellos algún día en el cielo.












