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Un día de descanso para los nervios destrozados

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Bogna Białecka - publicado el 05/11/25
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¿Cómo dominar el arte de calmarse? Aunque parezca lo contrario, es más fácil de lo que parece, pero debemos tomárnoslo en serio

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A todos nos pasa alguna vez "perder la cabeza". El estrés, el agotamiento, la sensación de injusticia... En una fracción de segundo pueden convertirnos en alguien a quien apenas reconocemos. Desde el punto de vista neurobiológico, hablamos de "desconexión de la corteza prefrontal", la parte del cerebro responsable del razonamiento y el autocontrol. Aquí te decimos como encontrar descanso.

En su lugar, toma el control el sistema límbico, es decir, el centro emocional, que reacciona automáticamente activando el modo de supervivencia: lucha, huida o paralización.

Cuando gritamos, damos un portazo o herimos con nuestras palabras, es nuestro «cerebro reptiliano» el que ha tomado el control. Ser conscientes de este proceso no debe avergonzarnos, sino ayudarnos a comprender que la calma no es un rasgo inmutable del carácter, sino una habilidad que se puede entrenar.

Respiración, ritmo, previsibilidad

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¿El remedio más sencillo? El ritmo. Respirar profunda y lentamente, dar un paseo, rezar el rosario... cualquier cosa que ponga al cuerpo en un estado de ritmo regular y le envíe la señal de que «todo está bien». Un ejercicio sencillo 4-7-8 ayuda a conseguirlo: inhalar durante cuatro segundos, retener la respiración durante siete segundos y exhalar durante ocho. Tras varias repeticiones, el corazón comienza a latir más tranquilamente. Solo cuando calmamos el cuerpo, recuperamos la capacidad de pensar con lógica, conversar y sentir empatía.

También puede ayudar una rutina previamente ensayada. Por ejemplo, cuando sientas nervios, date un tiempo para respirar o ir a la cocina y prepararte una infusión de manzanilla. Por un lado, la manzanilla tiene un efecto calmante y, por otro, los movimientos repetitivos y la secuencia de acciones hacen que se calme poco a poco.

¿La condición para que funcione? Hacerlo lentamente, centrándose en el aquí y ahora, sin pensar en el problema. Y para que esto funcione, debe ser una secuencia de acciones que hayamos ensayado «en calma», para que nos resulte más fácil en un momento difícil.

¿De dónde vienen estas reacciones violentas?

A menudo no se trata de la situación en sí. Nos preguntamos por qué un pequeño detalle nos ha provocado una reacción emocional tan violenta. Al fin y al cabo, no es nada grave, ¿no? Una palabra, un tono de voz, un gesto... pueden desencadenar viejos recuerdos de dolor, rechazo o miedo.

Entonces reaccionamos no solo al «aquí y ahora», sino también al eco del pasado. ¿O tal vez sea simplemente un signo de agotamiento o de un resfriado incipiente? Como escribe el Dr. Daniel Siegel, ayuda la metaperspectiva, la capacidad de observar las propias emociones desde la distancia, sin identificarse con ellas.

Este estado parece difícil de alcanzar, pero a menudo basta con preguntarse: ¿cómo se ve desde fuera? ¿Qué está pasando en el cuerpo? Como si nuestro cuerpo estuviera en un acuario y nosotros observáramos a través del cristal lo que le sucede.

El simple hecho de ser conscientes de que se trata de un sistema automático, el sistema límbico, ayuda a calmar los nervios. Pero para lograrlo, debemos centrarnos en observarnos desde fuera, y no en lo que nos ha alterado. Se trata de cambiar el punto de enfoque de la atención.

Con amor por uno mismo y por los demás

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Lo que necesitamos en un momento así es un descanso, un cambio de aires, alejarnos de la situación estresante. No lo veamos como una huida del problema, sino como un acto de misericordia hacia nosotros mismos y hacia los demás. Al concedernos el derecho a una pausa, dejamos de reaccionar de forma impulsiva, a nivel animal. Entonces, nuestro cerebro recupera el equilibrio, las relaciones se vuelven más saludables y nuestros seres queridos ven en nosotros a alguien capaz de levantarse tras un fracaso.

Una vez que nos hayamos calmado, puede que sea necesario pedir perdón si la pérdida de control ha causado daño a otros. Es una lección de humildad. En ese momento, puede ayudarnos una de las citas más bonitas, en mi opinión, de las Sagradas Escrituras:

"Vengan a mí todos los que están cansados y agobiados, y yo les daré descanso. Lleven mi yugo sobre ustedes y aprendan de mí, que soy manso y humilde de corazón, y hallarán descanso para sus almas. Porque mi yugo es fácil y mi carga ligera".
Mt 11,28-30.

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