La realidad es que estas personas fueron reales y, aunque no sabemos quiénes eran, el ministerio de Jesús tuvo un impacto en cada uno de ellos. Una de las leyendas más antiguas relacionadas con los Evangelios es que el niño Jesús que se colocó en medio de los apóstoles se convirtió más tarde en san Ignacio de Antioquía.
¿Quién era el niño?
El Evangelio de Lucas narra la siguiente historia:
"Surgió una discusión entre los discípulos sobre cuál de ellos era el más grande. Jesús se dio cuenta de la intención de sus corazones, tomó a un niño, lo puso a su lado y les dijo:
'El que reciba a este niño en mi nombre, a mí me recibe; y el que me reciba a mí, recibe al que me envió. Porque el más pequeño entre todos vosotros, ese es el más grande'".
En un libro titulado Cristo es mi vida, el autor explica la leyenda popular que hay detrás de esta historia bíblica:
"Nicéforo, un autor antiguo, relata que este niño fue, años más tarde, san Ignacio, el célebre obispo mártir de Antioquía. La imagen de Cristo con el joven Ignacio en sus brazos es demasiado conmovedora como para pasarla por alto, y hoy podemos meditar sobre ella con provecho.
Veamos entonces a este niño de noble destino jugando en las calles de Cafarnaúm con otros niños de su edad… En medio de su juego, ven al gran Maestro y a los hombres que le acompañan entrar en una casa y, llenos de curiosidad infantil, los siguen y se asoman por la puerta abierta; pronto, el Líder, que no es otro que el Salvador, se acerca, toma al pequeño Ignacio de la mano, lo atrae hacia el círculo de sus seguidores, lo abraza y lo aprieta contra su corazón".
Una hermosa leyenda
La Enciclopedia Católica confirma que "más de uno de los primeros escritores eclesiásticos han dado crédito" a esa leyenda.
En teoría, podría haber ocurrido, ya que san Ignacio era un niño cuando Jesús caminó sobre esta tierra y vivía en la misma región.
Nunca sabremos si hay algo de verdad detrás de la leyenda, que la mayoría de los historiadores consideran un mito medieval.
Sin embargo, probablemente se trate de una leyenda que surgió para explicar la fe heroica de San Ignacio, quien aprendió mucho a los pies de san Juan Apóstol y quien valientemente dio su vida en martirio.










