Hay mil y una buenas razones para leer y poner en práctica la primera exhortación apostólica del papa León XIV, Dilexi te, sobre "el amor a los pobres". En primer lugar, se trata del primer texto magisterial de su pontificado. Si bien el proyecto de la exhortación fue iniciado por el Papa Francisco como continuación de su última encíclica Dilexit nos, León XIV afirma "haberla hecho [suya]", "añadiendo algunas reflexiones". Es, pues, una oportunidad para valorar la importancia que León XIV concede a la necesidad de cuidar de los más pobres y practicar la caridad, siguiendo la línea de sus predecesores y, más concretamente, de Francisco.
En segundo lugar, esta exhortación apostólica concierne directamente a todos los fieles. Hace un llamamiento a la caridad hacia los más desfavorecidos y nadie puede decir que no le concierne. Todos convivimos a diario con personas pobres, débiles o enfermas. "Existen, en efecto, muchas formas de pobreza", subraya León XIV, evocando sucesivamente la pobreza material, cultural, espiritual y moral.
Y nadie puede decirse cristiano si hace caso omiso de la caridad. "No se puede amar a Dios sin extender su amor a los pobres", subraya el Papa. Y retoma esta hermosa expresión atribuida a san Juan Crisóstomo: "La limosna es el ala de la oración. Si no le das un ala a tu oración, no volará".
Encontrar a Dios a través de los pobres

Pero la razón que debería impulsar a todos los fieles a cuidar de los más pobres reside en la certeza de encontrar, a través de ellos, a Cristo. "En el rostro magullado de los pobres vemos impreso el sufrimiento de los inocentes y, por consiguiente, el mismo sufrimiento de Cristo", asegura el Papa. Desde los primeros siglos, los Padres de la Iglesia reconocieron en los pobres un medio privilegiado para acceder a Dios.
La caridad hacia los necesitados se entendía no solo como una virtud moral, sino también como una expresión concreta de la fe en el Verbo encarnado. San Juan Crisóstomo afirmaba que "Dios no necesita objetos de oro, sino almas de oro", animando a sus fieles a dar limosna a los pobres y a reconocer en ellos a Cristo.
Para él, de nada sirve honrar a Dios en el altar con hermosas copas de oro si se le desprecia cuando está desnudo y hambriento a la puerta de la iglesia. Un eco resonante de estas palabras del Señor: "En cuanto lo hicisteis a uno de estos mis hermanos más pequeños, a mí me lo hicisteis" (Mt 25, 40).
Santos que amaron a los pobres
El cuidado de los pobres es una puerta de acceso a Dios y transforma el corazón. San Francisco de Asís, san Carlos de Foucauld, sor Emmanuelle... Son tantas las figuras que el Papa menciona en su exhortación y que muestran cómo el servicio a los pobres cambia radicalmente una vida.
Pero ellos no se transformaron por haber realizado actos de caridad, sino por haber encontrado a Cristo. «Cada uno, a su manera, descubrió que los más pobres no son solo objeto de nuestra compasión, sino maestros del Evangelio», afirma León XIV. Por lo tanto, no se trata de llevar a Dios a los pobres, sino de encontrarlo en ellos.
«Los pobres no son una categoría sociológica, sino la carne misma de Cristo», subraya León XIV. Y cuidar de ellos, prestar atención a su miseria, es un camino hacia la santificación. Lo cual es otra buena razón más para leer y poner en práctica Dilexi te.











