San Pablo de la Cruz era un alma hermosa, profundamente devota de la Pasión de Jesucristo. Después de recibir una visión celestial en la que se veía a sí mismo vestido con un hábito negro con un corazón blanco y una cruz, fundó la Congregación de la Pasión de Jesucristo (más conocida como los Pasionistas).
Su profunda vida espiritual le proporcionó un rico sustento, lo que se puede ver claramente en sus numerosas cartas. San Pablo tomó lo que recibió de Dios y lo distribuyó generosamente a cualquiera que quisiera escucharle. Se le considera un gran ejemplo de santo director espiritual.
He aquí siete citas profundas de los escritos de san Pablo de la Cruz que llegan al corazón y pueden inspirarnos en nuestra lucha diaria por la santidad.
Citas inspiradoras de san Pablo de la Cruz
1) Construye un oratorio dentro de ti mismo y ten a Jesús en el altar de tu corazón. Háblale a menudo mientras realizas tu trabajo. Háblale de su santo amor, de sus santos sufrimientos y de los dolores de la santísima Virgen María.
2) Cuando estés solo en tu habitación, toma tu crucifijo, besa sus cinco llagas con reverencia, pídele que te predique un pequeño sermón y luego escucha las palabras de vida eterna que te dice a tu corazón; escucha la súplica de las espinas, los clavos, la preciosa Sangre. ¡Oh, qué sermón tan elocuente!
3) Cuando contemples un hermoso paisaje, di: «¡El cielo es más hermoso que eso! ¡Allí arriba hay verdaderas delicias y santos placeres!»
4) La fiesta del Santísimo Sacramento es la fiesta del amor. ¡Oh, qué gran amor! ¡Qué inmensa caridad! La polilla se siente atraída por la luz y se quema en ella. ¡Que tu alma se acerque igualmente a la Luz divina! Que se reduzca a cenizas en esa llama sagrada, especialmente durante esta gran y dulce octava de Corpus Christi. ¡Ah! Come, bebe, corre, canta, regocíjate en honor de tu divino Esposo.
5) ¡Qué hermoso es contemplar el firmamento estrellado! Sin embargo, no es más que la puerta de entrada al país bendito al que espero ir algún día.
6) ¡Oh, almas! Buscad refugio, como palomas puras, a la sombra del crucifijo. Allí lamentad la Pasión de vuestro divino Esposo y, sacando de vuestros corazones llamas de amor y ríos de lágrimas, convertidlas en un bálsamo precioso con el que ungir las heridas de vuestro Salvador.
7) Celebrad la fiesta de la Navidad cada día, incluso cada momento, en el templo interior de vuestro espíritu, permaneciendo como un niño en el seno del Padre celestial, donde renaceréis a cada momento en el Verbo Divino, Jesucristo.












