CUARESMA 2026
Este contenido es gratuito, como todos nuestros artículos.
Apóyanos con un donativo y permítenos seguir llegando a millones de lectores.
En España el aborto vuelve a ser objeto de intensa discusión pública. El Ayuntamiento de Madrid aprobó el pasado 30 de septiembre informar a las madres que soliciten abortar sobre los problemas que puede causarles la intervención.
A algunos les pareció un grave retroceso y se han quejado con fuerza negando que exista un “síndrome postaborto”. La oposición ha forzado un pleno municipal extraordinario para revocar el acuerdo.
Por su parte, el Gobierno de España insiste en que se complete el registro de profesionales sanitarios objetores de conciencia que se niegan a participar en abortos, previsto en la ley actual.
Y este martes 14 de octubre de 2025 presentó su propuesta para intentar reconocer el aborto como un derecho constitucional.
En respuesta a estas polémicas, una madre decidió compartir los recuerdos de lo que vivió hace 36 años.
“Me sigue haciendo sufrir”
La mujer envió una carta al programa de radio Sexto Continente, que fue leída el 6 de octubre de 2025.
“He oído las noticias sobre la polémica con el síndrome postaborto -comienza-. Está claro que no está tipificado como enfermedad, lo cual no significa que no exista, sino que no se ha investigado con objetividad y rigurosidad”.
“Sin embargo yo le voy a hablar de mi experiencia personal”, aclara, antes de pedir el anonimato por respeto a su familia y porque “a mis 59 años me sigue haciendo sufrir”.
“Yo tenía 23 años, tenía novio desde hacía año y medio, perdí a mi padre con 18 años y tenía 6 hermanos debajo de mí”, recuerda.
“Mi madre tuvo que empezar a trabajar y yo asumí la responsabilidad de mi casa con hermanos muy pequeños”, prosigue.
La mujer explica que compaginaba sus estudios en la universidad con un trabajo de media jornada y con las responsabilidades que asumía en su casa.
“Mi hermano 4 años menor se había enganchado a la heroína, tampoco me iba bien a mí con el novio”, continúa.
“Mi madre se echó un novio y perdió el norte descuidando mi casa y a mis hermanos y en estas circunstancias yo me quedé embarazada”, resume.
“No sabía nada sobre el aborto”
“No sabía nada sobre el aborto, pero mi hermana mayor, que era muy liberal, habló conmigo y con mi novio para que fuera a Alicante a abortar”, escribe.
“A mi novio le pareció bien y en poco tiempo fui a esa clínica -detalla-. No puedo culparles a ellos pues fui yo quien accedí”.
“Por aquel entonces yo no estaba en la Iglesia, me aparté de la fe cuando murió mi padre -subraya-, y cuando hice esto no pensé en Dios ni en el pecado porque no tenía fe”.
Tomar conciencia
“Después sí empecé a pensar en mi pecado y a tomar conciencia de que había hecho algo horrible”, reflexiona.
“Me sentía desgraciada, vulnerable y desprotegida -reconoce-, y había empezado a darme cuenta de que esa relación no funcionaba y no me convenía”.
“Tras el aborto algo se rompió dentro de mí -asegura-. Yo, que creía que era buena, empecé a percibirme de otra manera”.
Depresión
“Me despreciaba a mí misma, aborrecía a mi novio y a los hombres, cogí una depresión muy gorda que me duró años”, prosigue.
“Durante 4 años nunca hablé de esto con nadie, ni siquiera con mi mejor amiga -destaca-. Ella me quería y me admiraba y yo pensaba que la iba a decepcionar”.
“Pero cuando se lo conté no fue así, ella lloró conmigo”, cuenta. “Hoy sigue siendo mi mejor amiga”.
“Me daba miedo contárselo a una psicóloga, por ejemplo, o a una ginecóloga”, confiesa.
“No tenía ilusión por nada, pensaba que nunca iba a salir de ahí -recuerda-. Cinco años con esa depresión… era ya como algo natural para mí”.
Sin embargo, puntualiza, “nunca pensé en el suicidio aunque no tuviera ganas de vivir, porque equivocadamente pensaba que yo no tenía perdón de Dios y que si me moría me iría directamente al infierno”.
“Me veía condenada a sufrir, sentía un profundo sentimiento de culpa y de pecado”, ahonda.
“Cuento esto como un testimonio real de lo que el aborto ha supuesto en mi vida y del trauma y sufrimiento que me ha causado”, confiesa: “La mujer es la segunda víctima del aborto”.
Un gran cambio
“Pero cinco años después, tras una oposición que no salió como yo esperaba después de muchos años de esfuerzo, entré una mañana en un bar a tomarme un cortado”, relata.
“A mí se me notaba en la cara que no estaba bien, tenía un semblante de tristeza -recuerda-. Y un chico se sentó a mi lado y empezó a hablarme de Dios”.
“Me dijo que Dios me amaba y no sé por qué le creí -escribe-. Esas palabras calaron en mí, e incluso había momentos que sentía una gran emoción al pensar en ese amor del que yo me consideraba indigna”.
“A raíz de eso acudí a mi parroquia y hablé con el sacerdote -prosigue-. Me confesé, empecé a ir a la iglesia”.
Perdón y sanación
“Ese sacerdote me dedicó muchas horas -aprecia-. Me escuchaba con mucha paciencia y mi herida empezó a sanar”.
“Ahora estoy muy integrada en la vida de la Iglesia -afirma-. He educado a mis hijos en la fe y soy catequista de Primera Comunión desde hace 18 años”.
“Todas estas experiencias me han marcado profundamente y tengo una cierta tendencia a la depresión pero la fe me ayuda a no dejarme caer, a no desesperarme”, asegura.
“La Iglesia para mí es la vida -concluye-. Conocer a Dios dentro de la Iglesia es lo que ha dado sentido a mi vida, lo que ha permitido que me sintiera amada y perdonada de verdad”.










