“Estar vacío es la mayor catástrofe”, dice sor Verónica Berzosa en un video que se ha hecho viral en los pocos días que lleva colgado en Youtube. No puedes pedir a los demás, ni a ti, lo que solo Dios puede darte, apunta la fundadora de Iesu Communio -: “Aquí está Cristo para que le abras la puerta de par en par”.
Sed abrasadora
Sor Verónica destaca que el arameo posee dos palabras diferentes para referirse a la sed.
“Anasajé” se usa “cuando tú dices a alguien fatigado del camino, sediento, “dame de beber”.
“Sin embargo tienen una palabra específica en esa lengua para expresar la sed que solo siente el moribundo, la sed agónica, la sed abrasadora”, explica. “Solo se pronuncia ante la proximidad de la muerte”: “tsajenà”.
“A mí este sonido me recuerda como una expiración -añade la religiosa-, como “todo está entregado”.
Sor Verónica invita a contemplar la invitación de Jesús a la mujer samaritana -y a ti-: “dame de beber” y el grito de Jesús en la cruz: “¡Tengo sed!”
Entre preguntas y reflexiones, sor Verónica va intercalando una oración que dirige a Jesús, Fuente que da su agua viva hasta llegar a compartir la sed extrema.
Oración
Señor, voy a Ti pero quedo confundida
porque escucho de Ti: "Dame de beber", "tengo sed".
Me muevo entre la fe y el desconcierto,
acudo a Ti, sedienta,
y Tú me dices: "Dame de beber", "tengo sed"…Jesucristo, mi inseparable vivir:
mi tierra está reseca, agostada, sin agua, en este hoy.
Tú conoces mi vacío cuando no envías tu aliento, tu Espíritu.
Tú conoces mi vacío cuando no acojo tu aliento, tu respiración de vida.
Tengo sed de Ti, y no de mí.
Tengo sed de Ti y por fin ya no de mí,porque ya estoy reseca de buscar mi plenitud en mí misma,
no la tengo, no soy sin Ti.
Tengo sed de Ti y no de mí
porque Señor, ahora sé, al menos, que yo no puedo darme la plenitud.Pero esta sed que me hace venir aquí y pararme y detenerme ante Ti.
Me hace sentir agradecimiento y a la vez rebeldía:
¿Por qué tengo que sentir sed de Ti? ¿Por qué no me basto a mí misma?
Es verdad que esta sed que siento de Ti es buena,
me abre a un misterio, a un don infinito que tan solo oteo,
pero también la sed es dolorosa y no quiero sufrir la sed.¿Cuál es el misterio de mi sed? ¿Cuál es el misterio de tu sed?
Porque Tú pides de beber, Tú gritas “tsajenà”.
¿Cuál es mi misterio y cuál es el tuyo?
Acudo a Ti y te encuentro sediento.
Es más: mendigas que yo te de a Ti de beber.Interrogantes que surgen desde las entrañas:
Señor, es que sería dramático que el hombre estuviese condenado
a tener sed continuamente, siempre, sin poder ser saciada.¿Por qué me has querido sediento, Señor?
Explícame este misterio: ¿por qué tengo sed?
¿La sed es gracia o es un castigo para mí?
¿Acaso podré yo ya vivir sin tener miedo a tener sed
porque no encuentro cómo colmarla en mis posibilidades y en mis planes?¿Cómo no tener miedo a tener una sed cada vez mayor
de felicidad, de plenitud, de amor, de vida?
¿Podré algún día descansar, Señor, con esta sed?
¿Me has abandonado a esta sed?
¿Por qué tengo una sed rabiosa de felicidad y no puedo colmarla?
¿Por qué necesito vitalmente amar y ser amada y no se colma este deseo?Me siento como un náufrago
que también puede morir de sed en medio del océano
a pesar de estar rodeado de agua,
que no es capaz de calmar la sed sino de agravarla hasta enfermar y morir.
Y a mi corazón no puedo engañarlo; no solo tiene sed, es sed.
Toda yo soy sed…¡Ven! ¡Ven a mí, Señor! Haz morada en mí, que yo te deje.
Que yo me haga acogida de esa agua y de esa sangre,
que esta pobre tierra, sin Ti está condenada a perecer…
Tengo sed de Ti, Señor, ¡tengo sed de ti!Ábreme a tu misterio,
sucumbes para que sea salva, mueres para que viva,
tienes sed para que restaure mis fuerzas
para avanzar viviendo con belleza, dignidad, en santidad, y no de cualquier modo.
Que me traspase hoy tu fuego.
Soy sed de Dios.











