CAMPAÑA DE NAVIDAD 2025
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Monseñor Enrique Figaredo peregrinó de Camboya al Vaticano y se llevó la sorpresa de un encuentro personal con el Papa León XIV. Un obsequio que no recibió solo, sino con 15 fieles camboyanos y dos religiosas de la prefectura apostólica de Battambang.
“Don Kike”, como llaman cariñosamente al prelado jesuita, conversó con Aleteia y habló sobre el significado y alcance de lo ocurrido: “Para el grupo camboyano, el hecho de que el Papa hiciera un espacio para ellos y quisiera recibirlos, hizo que la experiencia de esta peregrinación alcanzara la cumbre”.
No es para menos. En el grupo de peregrinos hay supervivientes de la persecución religiosa de Pol Pot. Personas que, por una providentísima intervención de Dios, superaron el horror de las bombas y la violencia en su tierra.
Ellos conocen bien los efectos de la pobreza, los ataques y distintas formas de sufrimiento. Uno del que han logrado surgir tras un complejo proceso de reconstrucción.

“Para ellos, la posibilidad de salir de Camboya, tomar un avión y acudir al centro de la cristiandad, ver las catacumbas, visitar los sitios donde estuvo san Pedro, estar en la basílica de san Pablo extramuros, visitar la tumba del Papa Francisco (a quien le obsequiaron la silla de ruedas que elaboraron a mano) ¡fue una experiencia impresionante!”.
Don Kike confiesa que ya estaban sumamente contentos cuando acudieron a la Audiencia General, porque tuvieron la gracia de ser ubicados en una posición que les permitió ver de cerca al Papa. Pero, ocurriría algo más bonito.
La emoción de ver en persona al Papa León
“Hablé en privado con él, supo que estábamos allí y quiso recibirnos. Cuando les dije a ellos que lo verían en persona, su alegría fue indescriptible. Ellos miraban emocionados mientras el Papa bajaba las escaleras. Y los vio y sonrió, y fue a saludar uno por uno, dando bendiciones, teniendo una sonrisa y una palabra amable”, detalla el obispo.
Todo ocurrió “sin hablar mucho, con palabras amables y preguntando cosas. Fue muy muy bonito, ¡precioso!”.
Don Kike también le contó a Aleteia sobre un regalo de la providencia divina. Y es que en el grupo hay una embarazada, a quien el Papa León saludó y bendijo especialmente.
“Me dijo que era como si Dios la bendijera a ella y a su hijo, como si bendijera su maternidad. Hoy se siente bendecida por Dios directamente. Y para todo el grupo, haber estado con el Papa fue un momento de encuentro divino. Es una alegría absoluta”.
Luego, participaron en Misa en la Iglesia del Gesù (iglesia del Santo Nombre de Jesús), una histórica infraestructura considerada la iglesia madre de la Compañía de Jesús, a la que el prelado español pertenece.
Acudieron a la Capilla de San Ignacio, obra barroca donde se encuentra nada menos que la tumba del santo de Loyola, el fundador de la orden de los jesuitas.
“Le dimos gracias a Dios por nuestro viaje. También por la reconstrucción de la Iglesia, pues nos sentimos unidos a Roma y al Papa. Y porque la iglesia está siendo recreada en Camboya. Fue un momento muy bonito de acción de gracias”, explicó monseñor.
¿Cómo promueven y alimentan la santidad?

Respecto a cómo promueven la santidad en Camboya, dijo que, “primero, con nuestra vida cotidiana: ser buenas personas, alimentar lo religioso, ver la realidad traspasada por la presencia de Dios. Segundo, a partir de las vidas de los santos”.
Un ejemplo reciente, explica don Kike, es Carlo Acutis, quien “está teniendo un impacto muy bonito entre los jóvenes. Un tercer elemento es la posibilidad de la conversión: sentirse acogidos por Dios, a pesar de que somos pecadores. ¡Eso es muy bonito!”.
La conversión forma parte de su itinerario cristiano, sostiene el prelado. “Aunque seamos pecadores, el Señor nos quiere y nos elige para ser suyos. Eso en Camboya es importante para la gente; tanto para jóvenes como para mayores”.
Aleteia también consultó la opinión del obispo Figaredo sobre el hecho de que la primera exhortación del Papa León XIV ponga en el centro de sus prioridades a los pobres: “Nos ayuda muchísimo, porque en la comunidad camboyana está claro de que los pobres son el centro de la Iglesia”.
Ayudar a la gente más necesitada es ayudar al rostro de Dios. Esto, por un lado nos confirma la misión a todos; por otro, “nos invita a ser más cariñosos con las personas que son desfavorecidas y con quienes están más necesitados de apoyo y cariño”.
“¡Se nos subió el agua al corazón!”
Durante la peregrinación del grupo de Camboya al Vaticano surgió una curiosa frase: “Se nos subió el agua al corazón”. Es muy conocida en tierras asiáticas, pero no tanto en Europa o América Latina.
Don Kike nos explica su significado y por qué incluye ojos brillantes y rostros sonrientes: “Cuando alguien te quiere, te da cariño, te da ternura, el agua sube. Y cuando te sientes decepcionado o sientes que no hay futuro: ¡se te cae el agua del corazón, se te queda vacío!”
“En Camboya, hablar de agua es hablar de vida. El agua sube al corazón cuando estás muy muy feliz. El Papa hizo que se nos subiera el agua al corazón y rebosara de alegría”, abunda el obispo.
Explica también que en esta peregrinación, acudían desde una parroquia que era muy grande antes de la guerra, pero que fue destrozada en tiempos de Pol Pot. “A su párroco le arrebataron la vida y sufrieron muchísimo”.
“Una parroquia que ha tenido mucho dinamismo en la postguerra gracias a muy buenos catequistas, personas que manifestaron la fe como algo importante, la importancia de ayudarse unos a otros, la práctica de la oración. Aunque no tenían sacerdote, se reunían, tenían liturgia de la palabra y se esforzaban por celebrar la fe y rezar juntos”, detalla.
Don Kike también comenta sobre un participante, el profesor Yat, quien por primera vez sale del país tras obtener su pasaporte. “Se ha sentido feliz de poder venir y conocer esos sitios que ha estudiado y ahora ha podido ver en persona”.
“Esta comunidad ha pasado por el infierno. ¡Ahora está resucitada! Eso es muy bonito. Es un momento de resurrección precioso”, indica conmovido.
Vocaciones religiosas y sacerdotales camboyanas
En el grupo estaba un joven sacerdote camboyano, el padre Rúa (el espíritu, en hebreo) y dos religiosas. Dos hermanas camboyanas que han ingresado a una congregación tailandesa. Pero que ¡son camboyanas de pura cepa!”.
“Se sienten tocados por la mano de Dios por la hermosa experiencia de haber podido viajar a Roma, conocer tan significativos lugares, haber rezado allí, haber estrechado la mano del Papa y recibir personalmente su bendición”.
“Las dos chicas han quedado impactadas, conmovidas y con un profundo sentimiento de gratitud… Algo muy bonito que nos confirma en la fe a todos”.
“Y para mí personalmente, como testigo, no solo con el hecho de que el Papa León haya sacado tiempo para compartir con nosotros, sino en la forma como se relaciona con ellos. Cómo mostró cariño, cómo mostró la presencia de Dios a todos, cómo nos animó; todo desde una sencillez bárbara, que ¡es imbatible! Estoy también muy agradecido”, dijo.
Tengo que decir que echo mucho de menos al Papa Francisco, pero también veo en el Papa León el servicio a los pobres y el seguimiento de un Jesús cercano y humilde. Él nos ayudará a profundizar en el servir al Señor, quien se ha hecho uno de nosotros: pobre y sencillo. “¡Me siento totalmente entusiasmado y profundamente agradecido!”.











