A los Bonmatí Baurier siempre les habían interpelado los dramas de tantos migrantes que veían en las noticias. Pero no se imaginaban que podrían acoger a uno de ellos en su propia casa, en Barcelona, hasta que conocieron las comunidades de hospitalidad de los jesuitas, que hacen posible la acogida de centenares de migrantes y refugiados en hogares familiares, parroquias y otros recursos de acogida de diversas ciudades españolas.
Ibrahim Surry tampoco esperaba pasar de dormir en la calle a encontrar un hogar con unos padres y unos hermanos que le querían como a uno más.
“Con la familia vemos una película, nos divertimos, cenamos juntos, hablamos sobre cómo hemos pasado el día”, explica el joven en una serie de videos titulada Proyecto Hospitalidad.
La experiencia de acogida duró cuatro meses, pero aportó una riqueza que acompañará siempre a cada uno.
Como uno más

“Era como un hijo más -asegura Blanca, a quien Ibrahim llama su “mami”-. Yo preparaba la cena, mis hijos me ayudaban a poner la mesa, Ibrahím también me ayudaba algunas veces y cenábamos juntos”.
“Tener a Ibra en casa a mí me ha ayudado a ver que hay un problema y a hacer algo al respecto”, explica su “hermana” Mar.
Ella cedió generosamente su habitación al nuevo miembro de la familia durante el tiempo que les acompañó en casa.
Comunidades plurales
El año 2022, las comunidades de hospitalidad de la Compañía de Jesús en España acogieron a 823 personas.
Solo en Cataluña, entre los años 2018 y 2025, 160 personas han sido acogidos temporalmente en unos 50 hogares (familiares y de comunidades religiosas y laicas).

Según informa a Aleteia la Fundación MigraStudium, que gestiona el acogimiento en Cataluña, la Red de Hospitalidad busca crear comunidades plurales y diversas.
Y esas comunidades se logran “mediante la vinculación de las personas migradas y las personas implicadas en la acogida”.
La hospitalidad renueva
Cualquier familia o comunidad puede ofrecerse para acoger una persona migrada o un solicitante de asilo durante cuatro meses en su casa.
Mientras se comparten las tareas cotidianas en los hogares, la red colabora activamente en los procesos para la integración y autonomía de las personas recién llegadas.
El jesuita, Alberto Ares Mateos, vivió varios años en una comunidad de hospitalidad de Madrid. Hoy dirige la oficina europea del Servicio Jesuita a Refugiados.
Para él, “la hospitalidad renueva nuestras comunidades ayudándonos a crecer en compromiso y generosidad; la diversidad nos enriquece y nos ayuda a vivir más conectados con Dios”.











