La agresión pasiva se expresa de una forma aparentemente sutil, pero con impacto. Hablas con alguien que, en teoría, se comporta correctamente, incluso te hace cumplidos; y sin embargo, después te sientes fatal, o peor aún, te sientes culpable.
¿Qué ocurre cuando la ira no se expresa abiertamente?

La agresividad manifiesta es fácil de detectar: gritos, portazos, gestos ostentosos. Es violenta y obvia. Sin embargo, la agresión pasiva -aparentemente educada, pero en realidad llena de malicia oculta- puede ser realmente difícil en las relaciones. Nos puede ocurrir tanto en el trabajo como en casa.
La agresión pasiva adopta la forma de "olvidar" un asunto importante, un traslado tardío, entregar un informe en el último minuto para no darnos la oportunidad de prepararlo. A veces se trata de una queja sin importancia: poner un documento en el archivo equivocado, quedarse callado mientras la otra persona espera una respuesta o dejar el coche sin gasolina aun sabiendo que alguien va a conducirlo. A primera vista, son pequeñas cosas, pero acumuladas socavan sistemáticamente la confianza y la sensación de seguridad.
La psicología describe la agresión pasiva como un comportamiento indirecto y manipulador basado en la pasividad o en "casos" aparentes, a menudo impulsado por un deseo de castigo, venganza o celos. El agresor gana ventaja porque se quita responsabilidad.
Siempre se puede decir "después de todo, tenía buenas intenciones", "no sabía que era tan importante", "me habrás malinterpretado". Este tipo de comportamiento destruye las relaciones porque la víctima se siente herida, por un lado, y no tiene un punto de contacto claro para defenderse, por otro.
¿Cómo es la agresión pasiva en la práctica?
En la vida cotidiana adopta formas muy diferentes. Una de las más comunes son los cumplidos con malicia oculta: frases que pretenden ser un elogio pero que en realidad son un codazo. Alguien dice: "Bonita casa, me recuerda a un hostal", "Estupendo coche, casi tan bueno como el de Juan", "precioso vestido, lástima que sea demasiado delgada para un corte así".
A veces es un "regalo" con ironía: una suscripción a un programa de adelgazamiento para alguien que no tiene planes de perder peso. Cosas aparentemente pequeñas que solo al cabo de un rato desencadenan el pensamiento: "Espera, no creo que eso fuera un elogio...". Y cuando reaccionas negativamente, oyes: "Oye, solo era una broma, no tienes sentido del humor" o "Algo te pasa que enseguida te ofendes por todo, trabaja en ti mismo".
Otra señal son los comentarios en los que la persona expresa una petición e inmediatamente "se molesta" en añadir una razón por la que no vas a acceder a ella. Por ejemplo: "Esto está terriblemente sucio, es una pena que nadie lo haya limpiado, pero entiendo que estés ocupado", "los niños tienen hambre, pero entiendo que tengas demasiadas cosas en el plato para hacer la cena", "El jefe lleva esperando este informe desde ayer, pero veo que algunos necesitan llenar antes sus redes sociales". Suena a resignación, pero traslada la responsabilidad a la otra parte, creando culpabilidad.
Rasgos de una persona pasivo-agresiva

Presentarse como la víctima también es un clásico del género. La persona pasivo-agresiva finge estar dolida por una nimiedad que objetivamente no debería dolerle, o exagera la importancia de algo. Es capaz de dramatizar, interrumpir el contacto, decir: "Me he esforzado mucho, he puesto todo mi corazón en esto, pero nadie lo ha apreciado, mejor lo tiro todo ahora". "He apilado estas servilletas durante medio día para que todo el mundo pudiera cogerlas fácilmente, pero veo que nadie se molesta en ensuciarlas".
Otra área es la procrastinación y el sabotaje. A veces alguien se retrasa "accidentalmente" con una tarea importante, se demora en enviar un informe, deja los platos sucios aunque prometió limpiarlos. Esto no se hace por despiste, sino para manifestar resentimiento o para hacer saber: "No me darás órdenes". En el trabajo, puede ser ignorar correos electrónicos, echarse atrás en una promesa en el último minuto, omitir "accidentalmente" a alguien de un mensaje importante, para que se ridiculice por no saberlo.
También hay formas más sofisticadas: exclusión de grupos o reuniones, propagación de rumores, pequeños sabotajes. Alguien que siente celos puede invitar a un bar a una persona que lucha por mantenerse sobria, o no transmitir una información clave a un compañero antes de una presentación.












