La Sociedad de San Vicente de Paúl es una enorme organización caritativa formada por más de dos millones de laicos católicos. Reparten alimentos y medicamentos, construyen viviendas, asesoran y acompañan a migrantes y víctimas de catástrofes, ofrecen servicios de salud y educación… Ayudan a a 30 millones de personas necesitadas en 155 países.
Su presidente, Juan Manuel Buergo Gómez, destaca que cada año crecen las inversiones para llevar a cabo sus miles de proyectos “para una sociedad más justa y menos dependiente del asistencialismo”.

También lanza una llamada a unirse como voluntario en alguna de las múltiples iniciativas que se llevan a cabo en muchas ciudades.
Y explica que la gestión de la Sociedad se organiza a través de la división del mundo en doce zonas con un responsable al frente de cada una de ellas, que comparte las iniciativas y necesidades de su región.
La mayor preocupación
Buergo Gómez comparte con Aleteia su principal preocupación respecto a la sociedad que preside. No tiene que ver con balances ni con inspecciones.
“Para mí lo principal es que no se secularice, que no nos dediquemos a repartir alimentos, a vestir al desnudo, a dar cursos de formación,… solo -afirma-, porque nuestra misión es evangelizar”.
El economista reconoce que “a veces no se puede hablar de Cristo, pero sí ofrecer una sonrisa, el ejemplo y el Evangelio”.
“Es fácil secularizarse -asegura-: están las auditorías, las normas de calidad que hay que cumplir, pero tenemos que darnos esa fuerza unos a otros: estamos aquí porque somos instrumentos de Dios para evangelizar”.
La fuerza de los orígenes
Buergo Gómez vivió ese espíritu desde pequeño porque su padre ya formaba parte de la Sociedad de San Vicente de Paúl.
“Yo iba con él a veces a visitar a los enfermos, jugaba con los niños que vivían en las cuevas, les llevaba algunos juguetes…”, recuerda.
“Más tarde terminé la carrera de económicas, mis padres habían fallecido y pensé: ¿voy a subir arriba con las manos vacías? -añade-. Por eso me apunté, hace 30 años”.
Buergo Gómez comparte el carisma con el que el estudiante Frederick Ozanam inició la Sociedad de San Vicente de Paúl el año 1833 en París, buscando servir a Dios en los pobres.
De hecho esa ha sido la fuerza motora del espectacular crecimiento de esta organización de la Familia Vicenciana, organizada en grupos de acción y oración llamados conferencias.

El compositor Santiago de Masarnau, que introdujo la Sociedad de San Vicente de Paúl en España, decía que si la obra se quedara solo en la ayuda material, las conferencias desaparecerían.
Tal vez no desaparecerían ante los ojos de los hombres pero sí ante los ojos de Dios porque su fin es la ayuda espiritual, evangelizar, a través de la ayuda material.
Reconocimiento
Este año 2025, la Fundación Mapfre ha reconocido a la Sociedad de San Vicente de Paúl como la Mejor entidad por su trayectoria social.
Este miércoles 8 de octubre, en Madrid, Buergo Gómez recibió de manos de la reina Sofía este premio que se suma a una larga lista de reconocimientos internacionales.
“Es un reconocimiento que pertenece a todos los socios, voluntarios y personas comprometidas con nuestra causa”, agradece su presidente.
“Queremos dar respuesta a los distintos tipos de pobreza, de injusticia material y espiritual”, aclara.
“Queremos permanecer al lado de los que sufren dando nuestra seña de identidad: la cercanía, ofreciendo escucha y esperanza”, añade.
Y concluye: “Ozanam decía que si mejoramos al de enfrente nos mejoramos a nosotros mismos y lo irradiamos a la comunidad”.











