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‘La noche siempre llega’: protegiendo a la familia del desahucio   

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José Ángel Barrueco - publicado el 03/10/25
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Vanessa Kirby protagoniza este thriller de Netflix

¿Hasta dónde estarías dispuesto a llegar para proteger tu casa y a tu familia del desahucio? Ésa es la pregunta que se plantea La noche siempre llega (“Night Always Comes”), inspirada en la novela de Willy Vlautin. A veces, cuando vemos a otras personas elegir ciertos caminos y ciertas actitudes, solemos juzgarlas sin detenernos a pensar en que, a menudo, muchas no tienen otra opción. Que hacen lo que hacen, cuestionable y a veces ilegal, porque se han encontrado en un callejón sin salida. Es lo que le sucede a Lynette, interpretada por la portentosa Vanessa Kirby: arrastra un pasado turbio porque no tuvo otras opciones, pero ahora trata de mantenerse en el buen camino y salvar el domicilio en el que siempre ha vivido con su familia.

Lynette vive con su madre, Doreen (Jennifer Jason Leigh), y su hermano, Kenny (Zack Gottsagen), en una casa que está a punto de ser víctima de la gentrificación: o elitización o aburguesamiento, como prefieran. Necesitan 25.000 dólares en efectivo como pago inicial para poder quedarse con la vivienda y pasar del alquiler a la compra. Es una situación desesperada para cualquiera y no hace falta irse a los Estados Unidos actuales, los que refleja el filme, para conocer casos idénticos. 

Aunque Kenny es el hermano mayor, tiene Síndrome de Down y por eso Lynette siempre cuida de él. Lynette desempeña varios empleos para cuidar de su familia y mantenerse. Pero se las ha arreglado para conseguir el dinero: justo el día de la firma y de la entrega de esa cantidad como adelanto para obtener un préstamo bancario, Doreen se gasta los ahorros en un coche, como si no le importara conservar la residencia. Lynette consigue un aplazamiento: dispone de alrededor de 12 horas para conseguir el dinero. De lo contrario, se verán en la calle. 

Luchando por la familia

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Cuando la hija reprocha a su madre haberse gastado el dinero, Doreen le dice: “Cómprala. Dios te ama. Hazlo tú sola”. A partir de entonces la mujer se implica en una carrera contrarreloj para reunir esa cantidad. Al principio no cruza ninguna línea: decide pedírselo a otras personas. Cuando las cosas empiezan a complicarse, Lynette decide atravesar los límites. 

La noche siempre llega es una película sobre la desesperación y la asfixia económica y la cruzada nocturna de una chica para salvar a los suyos de vivir en la calle y quedarse sin techo. Una situación a la que se ven abocadas demasiadas familias. Benjamin Caron, el director británico del filme, introduce un contexto político y económico en la historia mediante un recurso periodístico: las noticias que escucha Lynette en la radio y la televisión. Cada vez que oímos a un locutor, está informando sobre el desmoronamiento de la economía, el aumento de los alquileres y la situación del mercado laboral e inmobiliario: “A la gente se le paga menos que antes. El salario medio está bajando debido a la inflación. Según los datos nuevos, el valor del alquiler representa más de un tercio del ingreso familiar”. Sobre todo al inicio, las noticias van creando un clima de malestar, un resumen de la crisis, para que los espectadores nos situemos. 

Lynette es una superviviente de un pasado oscuro pero está decidida a luchar por su familia. Durante esa noche se va metiendo en situaciones tensas, a veces peligrosas, en las que sabe que se juega el pellejo. 

Night Always Comes contiene varios factores positivos: la magnífica interpretación de Vanessa Kirby; los valores que sitúan a la familia en el primer lugar de las prioridades; el cariño entre dos hermanos que tratan de protegerse; el suspense que despierta una historia sobre el coste brutal de los alquileres, las consecuencias de la transformación urbana y la desesperación de las familias… Por otro lado, y aunque el director crea escenas donde la tensión va in crescendo, en manos de un cineasta más experimentado podría haber sido una película extraordinaria: pensemos por ejemplo en las maravillas que hizo David Fincher con el material de Perdida. En conjunto es correcta e interesante aunque no excepcional, y a ratos expide cierto aire de película televisiva. 

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